«La maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación» (Lumen Gentium, 62).
Por este motivo los católicos chinos, así como todos los fieles católicos del mundo, han sido siempre muy devotos de la Madre —invocada como Abogada, Auxiliadora, Mediadora— a lo largo de toda la historia del Cristianismo en China, una larga historia, difícil pero también llena de coraje.
La China contemporánea, sumergida por la ola del desarrollo económico, manifiesta aún un fuerte deseo de vida espiritual y de búsqueda de la fuente que pueda saciar su sed espiritual. En la gran mayoría de la población crece cada vez más la necesidad de Dios. La Iglesia católica en China es consciente de los desafíos de la evangelización y con valentía no duda a ponerse en primera línea para afrontar las exigencias de la sociedad y de las personas. Entre las fuetes de fuerza y coraje hay que mencionar la gran confianza que los católicos chinos ponen en la Virgen María, como lo atestigua su difícil pero gloriosa historia. La Virgen Santísima, mujer del continente asiático, es considerada la “Estrella de la Evangelización” también de este inmenso continente, donde ha vivido su vida terrena. Los Santuarios marianos esparcidos por el país representan una fuente en el desierto capaz de saciar a los sedientos y constituyen el otro rostro de China: un país que cada día descubre con más fuerza la necesidad de Dios.
Para conocer con más detalle la devoción de los chinos a María podeis visitar la pagina de la agencia Fides siguiente:






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