Rincón Mariano, es un blog de Amigos de la Virgen.
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miércoles 4 de noviembre de 2009

San Jean-Marie Vianney y la Virgen (10)




Esta hermosa virtud, dice San Bernardo, fue la causa de que el Padre Eterno mirase a la Santísima Virgen con complacencia; y si la virginidad atrajo las miradas divinas, su humildad fue la causa de que concibiese en su seno al Hijo de Dios. Si la Santísima Virgen es la Reina de las Vírgenes, es también la Reina de los humildes.
Santo Cura de Ars

sábado 31 de octubre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(11)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS


POR QUE TE AMO, MARÍA

1 Cantar, Madre, quisiera
por qué te amo .
Por qué tu dulce nombre
me hace saltar de gozo <1> el corazón,
y por qué el pensamiento de tu suma grandeza
a mi alma no puede inspirarle temor.
Si yo te contemplase en tu sublime gloria,
muy más brillante sola
que la gloria de todos los elegidos juntos,
no podría creer que soy tu hija,
María, en tu presencia bajaría los ojos...
2 Para que una hija pueda a su madre querer,
es necesario que ésta sepa llorar con ella,
que con ella comparta sus penas y dolores.
¡Oh dulce Reina mía,
cuántas y amargas lágrimas lloraste en el destierro
para ganar mi corazón, ¡oh Reina!
Meditando tu vida
tal como la describe el Evangelio,
yo me atrevo a mirarte y hasta a acercarme a ti.
No me cuesta creer que soy tu hija,
cuando veo que mueres,
cuando veo que sufres
como yo <2>.
3 Cuando un ángel del cielo te ofrece ser la Madre
de un Dios que ha de reinar eternamente,
veo que tú prefieres, ¡oh asombroso misterio!,
el tesoro inefable de la virginidad.
Comprendo que tu alma, inmaculada Virgen,
le sea a Dios más grata
que su propia morada de los cielos.
Comprendo que tu alma, humilde y dulce valle,
contenga a mi Jesús, océano de amor <3>.
4 Te amo cuando proclamas
que eres la siervecilla del Señor,
del Señor a quien tú con tu humildad cautivas.
Esta es la gran virtud que te hace omnipotente
y a tu corazón lleva la Santa Trinidad.
Entonces el Espíritu, Espíritu de amor,
te cubre con su sombra,
y el Hijo, igual al Padre,
se encarna en ti...
¡Muchos habrán de ser
sus hermanos
pecadores
para que se le llame: Jesús, tu primogénito!
5 María, tú lo sabes: como tú <4>,
no obstante ser pequeña, poseo y tengo en mí
al todopoderoso.
Mas no me asuste mi gran debilidad,
pues todo los tesoros de la madre
son también de la hija,
y yo soy hija tuya, Madre mía querida.
¡Acaso no son mías tus virtudes
y tu amor también mío?
Así, cuando la pura y blanca Hostia
baja a mi corazón,
tu Cordero, Jesús, sueña estar reposando
en ti misma, María.
6 Tú me haces comprender, ¡oh Reina de los santos!,
que no me es imposible caminar tras tus huellas.
Nos hiciste visible
el estrecho camino que va al cielo
con la constante práctica de virtudes humildes.
Imitándote a ti,
permanecer pequeña es mi deseo,
veo cuán vanas son las riquezas terrenas.
Al verte ir presurosa a tu prima Isabel,
de ti aprendo, María,
a practicar la caridad ardiente.
7 En casa de Isabel escucho, de rodillas,
el cántico sagrado, ¡oh Reina de los ángeles!,
que de tu corazón brota exaltado <5>.
Me enseñas a cantar los loores divinos,
a gloriarme en Jesús, mi Salvador.
Tus palabras de amor son las místicas rosas
que envolverán en su perfume vivo <6>
a los siglos futuros.
En ti el Omnipotente obró sus maravillas,
yo quiero meditarlas y bendecir a Dios.
8 A san José, que ignora
el milagro asombroso
que en tu humildad <7> quisieras ocultar,
tú le dejas llorar cerca del tabernáculo
donde se oculta y vela
la divina beldad del Salvador.
¡Oh, cuánto amo, María, tu elocuente silencio!
Es para mí un concierto muy dulce y melodioso,
que canta a mis oídos la grandeza,
y hasta la omnipotencia,
de un alma que su auxilio sólo del cielo espera...
9 Luego, en Belén, os veo, ¡oh María y José!,
rechazados por todos.
Nadie quiere acoger en su posada
a dos pobres y humildes forasteros.
¡Sólo para los grandes tienen sitio...!
Y en un establo mísero, rudo y destartalado,
tiene que dar a luz la Reina de los cielos
a su Hijo Dios.
¡Madre del Salvador,
qué amable me pareces, qué grande me pareces
en tan pobre lugar!
10 Cuando veo al Eterno en vuelto en los pañales
y oigo el tierno vagido del Verbo entre las pajas,
¿podría yo, María, en ese instante,
envidiar a los ángeles?
¡Su Señor adorable es mi hermano querido!
¡Cómo te amo, María, cuando en nuestra ribera
abres para nosotros esa divina Flor!
¡Cómo te amo, Virgen, cuando escuchas
a los simples pastores, y a los magos,
y guardas y meditas todo eso
dentro del corazón!
11 Te amo cuando te mezclas con las demás mujeres
que dirigen sus pasos al templo del Señor.
Te amo cuando presentas al Niño que nos salva
al venerable anciano que le toma en sus brazos.
Al principio yo escucho sonriendo
su cántico, mas pronto sus acentos
hacen correr mis lágrimas.
Hundiendo en el futuro su mirada profética,
Simeón te presenta la espada del dolor.
12 ¡Oh Reina de los mártires, la espada dolorosa
traspasará tu pecho
hasta la tarde misma de tu vida!
Ya te ves obligada
a abandonar el suelo de tu patria
por escapar, huyendo,
del furor sanguinario de un envidioso rey.
Jesús duerme tranquilo
bajo los suaves pliegues de tu velo
cuando José te advierte que hay que partir aprisa.
Y es pronto tu obediencia:
tú partes sin demora y sin razonamientos.
13 En la tierra de Egipto, me parece, ¡oh María!,
que, a pesar de vivir en la suma pobreza,
lleno de gozo y paz vive tu corazón.
¿Qué te importa el destierro? ¿No es, acaso, Jesús
la patria de las patrias, la más bella?
Poseyéndole a él, tú posees el cielo.
Mas en Jerusalén, una amarga tristeza
te envuelve y, como un mar, tu corazón inunda.
Por tres días Jesús se esconde a <8> tu ternura,
y entonces si, sobre tu vida cae
un oscuro, implacable, riguroso destierro.
14 Por fin logras hallarle, y al tenerle,
rompe tu corazón en transporte amoroso.
Y le dices al Niño, encanto de doctores:
«Hijo mío, ¿por qué has obrado así?
Tu padre y yo, con lágrimas, te estábamos buscando».
Y el Niño Dios responde, ¡oh profundo misterio!,
a la Madre querida que hacia él tiende los brazos:
«¿A qué buscarme, Madre? ¿No sabías, acaso,
que en las cosas que son del Padre mío
he de ocuparme ya?»
15 Me enseña el Evangelio que sumiso
a María y José permanece Jesús,
mientras crece en sabiduría.
¡Y el corazón me dice
con qué inmensa ternura a sus padre queridos
él obedece siempre!
Ahora es cuando comprendo el misterio del templo,
las palabras ocultas del amable Rey mío:
Tu dulce Niño, Madre,
quieres que seas tú el ejemplo vivo
del alma que le busca
a oscuras, en la noche de la fe.
16 Puesto que el Rey del cielo quiso ver a su Madre
sometida a la noche,
sometida a la angustia
del corazón <9>,
¿será, acaso, merced sufrir aquí en la tierra?
¡Oh, sí...! ¡Sufrir amando es la dicha más pura <10>!
Puede tomar de nuevo Jesús lo que me ha dado,
dile que por mí nunca se moleste.
Puede, si a bien lo tiene, esconderse de mí,
me resigno a esperarle
hasta que llegue el día sin ocaso
en el que para siempre se apagará mi fe <11>...
17 Yo sé que en Nazaret, Virgen llena de gracia,
viviste pobremente sin ambición de más.
Ni éxtasis ni raptos ni milagros
tu vida hermosearon, ¡Reina de los electos!
Muchos son en la tierra los pequeños,
y ellos pueden alzar, sin miedo, a ti los ojos.
Por el común camino, oh Madre incomparable,
caminas tú, guiándonos al cielo!
18 Vivir contigo quiero, Madre amada,
a la espera del cielo,
seguirte en el destierro día a día.
En tu contemplación yo me hundo absorta,
y de tu inmenso corazón descubro
los abismos de amor.
Tu maternal mirada desvanece mis miedos,
y m enseña a llorar, y me enseña a reír.
Lejos de despreciar las fiestas de la tierra,
las fiestas que son santas,
tú, Madre, las comparte y bendices.
19 Al ver que los esposos de Caná
no pueden ocultar al gran apuro
en que se encuentran por faltarles vino,
con maternal solicitud acudes
al Salvador, tu Hijo,
de su poder divino esperando la ayuda.
Jesús parece rechazar tu súplica
en un primer momento:
«Mujer, ¿qué no importa esto a ti y a mí?»
Mas de su corazón allá en el fondo
madre suya te llama,
y para ti y por ti Jesús realiza
su milagro primero.
20 Te veo un día, Madre, en la colina,
entre los pecadores <12> que escuchan la palabra
de aquel que más nadie
desea recibirles a todos en el cielo.
Alguien dice a Jesús que quieres verle.
Entonces él, Hijo divino tuyo, ante la gente
muestra lo inmensamente que nos ama:
«¿Quién es mi hermano -dice-, quién mi hermana,
y mi madre quién es, sino el que cumple
mi voluntad en todo?»
21 Al escucharle, tú, Virgen inmaculada,
¡oh Madre, la más tierna!,
no te entristeces <13>, antes bien te alegras
de que nos haga comprender entonces
que aquí abajo, en la tierra, nuestra alma
se hace familia suya.
¡Oh, sí, te alegras, Virgen, de que él nos dé su vida,
el tesoro infinito de su divinidad!
¿Cómo no amarte y bendecirte, viendo
en ti tanto amor, tanta humildad?
22 Tú nos amas, María, como Jesús nos ama,
por nosotros aceptas verte alejada de él.
Amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo:
quisiste demostrarlo quedando con nosotros
como fuerte y visible ayuda nuestra.
¡Conocía Jesús tus íntimos secretos
y la inmensa ternura
de tu divino corazón de madre!
Te nos dejó a nosotros,
como refugio fiel de pecadores,
cuando, para esperarnos en el cielo,
abandonó la cruz.
23 Te me apareces, Virgen,
en la sombría cumbre del Calvario,
de pie junto a la cruz,
igual que un sacerdote en el altar,
ofreciendo tu Víctima,
tu Jesús amadísimo,
nuestro dulce Emmanuel,
para desenfadar la justicia del Padre.
Un profeta lo dijo, ¡oh Madre desolada!:
«¡No hay dolor semejante a tu dolor!»
¡Oh Reina de los mártires, quedando en el destierro,
prodigas por nosotros
toda la sangre de tu corazón!
24 La casa de san Juan se hace tu único asilo,
de Zebedeo el hijo reemplaza a tu Jesús...
Y es éste ya el último detalle
que nos da el Evangelio <14,
de la Virgen María no vuelve ya a hablar más.
Pero, Madre querida, su silencio profundo
¿acaso no revela
que el Verbo eterno -él mismo- cantar quiere
de tu vida los íntimos secretos,
para gozosa gloria de tus hijos,
los santos moradores de la patria del cielo?
25 Yo escucharé muy pronto esa dulce armonía,
iré muy pronto a verte en , el hermoso cielo.
Tú que viniste a sonreírme, Madre,
en la suave mañana de mi vida,
ven otra vez a sonreírme ahora...,
pues ha llegado ya de mi vida la tarde.
No temo el resplandor de tu gloria suprema <16>,
he sufrido contigo,
y ahora quiero
cantar en tus rodillas, Virgen, por qué te amo
¡y repetir por siempre y para siempre
que yo soy hija tuya...!
La pequeña Teresa...

sábado 24 de octubre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(10)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS

Acuérdate, Jesús, de la gloria del Padre,
del esplendor divino que dejaste en el cielo
al bajar a esta tierra, al desterrarte
de aquella eterna patria
por rescatar a todos los pobres pecadores.
Bajando a las entrañas de la Virgen María,
velaste tu grandeza y tu gloria infinita.
Del seno maternal
de tu segundo cielo
¡acuérdate!

sábado 17 de octubre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(9)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS

CANTO DE GRATITUD A LA VIRGEN DEL CARMEN

1 Desde el primer instante de mi vida
me tomaste en tus brazos,
y desde aquel momento,
amada Madre mía,
me das tu protección aquí en la tierra.

Para guardar intacta mi inocencia,
me escondiste en un blando y dulce nido,
custodiaste mi infancia
a la sombra bendita
de un retirado claustro.
2 Y más tarde, al llegar
mi juventud a sus primeros días,
escuché la llamada de Jesús.
Me mostraste el Carmelo
con ternura inefable.
«Ven a inmolarte por tu Salvador
-me decías entonces con dulzura-.
Cerca de mí te sentirás dichosa,
ven a inmolarte con tu Salvador».
........................................
3 Cerca de ti, oh tierna Madre mía,
he encontrado la paz del corazón;
en esta tierra nada más deseo,
sólo Jesús es toda mi ventura.
Si alguna vez me asaltan
la tristeza o el miedo,
en mi debilidad tú me sostienes
y siempre, Madre mía, me bendices.
4 Otórgame la gracia
de mantenerme fiel
a mi divino Esposo,
Jesús.
Para que un día
su dulce voz yo escuche,
cuando a volar me invite y a sentarme
entre sus elegidos.
Entonces ya no habrá
ni más destierro ni más sufrimiento.
Ya en el cielo,
yo volveré a cantarte
mi amor y gratitud,
amable y dulce Reina del Carmelo.

16 de julio de 1894

lunes 12 de octubre de 2009

Un acto de justicia




Estimado amigo, te ruego que publiques este mensaje y me ayudes a difundir y denunciar la injustificada y abusiva censura de Blogger.



Se cumple un mes de la injustificada e inquisitorial censura de Blogger al Blog de José Gil Llorca, “De lo humano y lo divino”. Ya ha pasdo un mes desde que Blogger cerrara el acceso a los internautas al Blog de José Gil Llorca “De lo humano y lo divino”. En todo este tiempo, en el que por dos veces he solicitado la revisión de la falsa denuncia de incumplimiento de las condicones de servicio, no he recibido notificación alguna por parte de Blogger. Nada de nada. La respuesta automatizada ha sido la misma: “vamos a revisar más detenidamente su blog y en un par de días nos pondremos en contacto”. Pues parece que les está llevando algo más de dos días.



Me consta que Blogger ha recibido numerosas quejas y protestas por la injustificada censura a mi blog. Sorprende que dé la callada por respuesta pues eso manifiesta la falta de respeto de Blogger hacia sus usuarios, una gran falta de profesionalidad, de rigor y de un mínimo de educación.



Con esta forma de proceder Blogger está dando una imagen de una empresa dictatorial, opresiva, inquisitorial, que cede a las presiones ideológicas, que no respeta la libertad de expresión y de pensamiento. Una empresa nada tolerante y para la que el pluralismo es una palabra vacía. Es una vergüenza que Blogger sea una empresa totalitaria, intolerante y débil ante las presiones de los radicales que pretenden imponer un pensamiento único y no consienten que los demás puedan tener ideas propias y libertad para expresarlas. Amigos, si esto sigue así, va a ser hora de ir buscando otros lugares en Internet en donde exista verdadera libertad de expresión y no se ejerza la tiranía de la censura hipócrita, interesada y selectiva de la que está haciendo gala Blogger.




Muchas gracias por tu colaboración y si puedes pasa este mensaje a todos los que te sea posible. Un cordial saludo.



Para dejar tu protesta por la censura de blogger puedes hacerlo en esta dirección: http://blogspot.es/contacto/

sábado 10 de octubre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(8)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS

¡Virgen inmaculada, oh tú, la dulce Estrella
que irradias a Jesús y obras con él mi unión!,
deja que yo me esconda bajo tu velo, Madre,
¡nada más que por hoy!

domingo 4 de octubre de 2009

San Jean-Marie Vianney y la Virgen (9)




“Si tú acudes a este manantial del corazón de la Santísima Virgen confía que nunca se agotará, porque es inagotable”
Santo Cura de Ars

sábado 3 de octubre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(7)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS

Llegamos a París por la mañana, y comenzamos enseguida a visitar la
ciudad. Nuestro pobre papaíto se desvivió por complacernos, así que en poco tiempo teníamos vistas todas las maravillas de la capital.
Yo sólo encontré una que verdaderamente me encantara, y esa maravilla fue: «Nuestra Señora de las Victorias». ¡Imposible decir lo que sentí a sus pies...! Las gracias que me concedió me emocionaron tan profundamente, que sólo mis lágrimas traducían mi felicidad, como en el día de mi primera comunión... La Santísima Virgen me hizo sentir que había sido realmente ella quien me había sonreído y curado. Comprendí que velaba por mí y que yo era su hija; y que, entonces, yo no podía darle ya [57rº] otro nombre que el de «mamá», que me parecía mucho más tierno que el de Madre...

sábado 26 de septiembre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(6)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS

Pero rezar yo sola el rosario (me da vergüenza decirlo) me cuesta más que ponerme un instrumento de penitencia... ¡Sé que lo rezo tan mal! Por más que me esfuerzo por meditar los misterios del rosario, no consigo fijar la atención... Durante mucho tiempo viví desconsolada por esta falta de atención, que me extrañaba, pues amo tanto a la Santísima Virgen, que debería resultarme fácil rezar en su honor unas oraciones que tanto le agradan. Ahora me entristezco ya menos, pues pienso que, como la Reina de los cielos es mi Madre, ve mi buena voluntad y se conforma con ella.

A veces, cuando mi espíritu está tan seco que me es imposible sacar un solo pensamiento para unirme a Dios, rezo muy despacio un «Padrenuestro», y luego la salutación angélica. Entonces, esas oraciones me encantan y alimentan mi alma mucho más que si las rezase precipitadamente un centenar de veces... La Santísima Virgen me demuestra que no está disgustada [26rº] conmigo.

Nunca deja de protegerme en cuanto la invoco. Si me sobreviene una inquietud o me encuentro en un aprieto, me vuelvo rápidamente hacia ella, y siempre se hace cargo de mis intereses como la más tierna de las madres.

sábado 19 de septiembre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(5)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS


Me imagino a mi alma como un terreno libre, y pido a la Santísima Virgen que quite los escombros que pudieran impedirle [80rº] esa libertad. Luego le suplico que monte ella una gran tienda digna del cielo y que la adorne con sus propias galas. Después invito a todos los ángeles y santos a que vengan a dar un magnífico concierto. Y cuando Jesús baja a mi corazón, me parece que está contento de verse tan bien recibido, y yo estoycontenta también...

sábado 12 de septiembre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(4)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS


Pasó por fin ese hermoso día, como pasan los más tristes, pues hasta los días más radiantes tienen un mañana. Y deposité sin tristeza mi
corona a los pies de la Santísima Virgen. Estaba segura de que el tiempo no me quitaría mi felicidad...
¡Qué fiesta tan hermosa la de la Natividad de María para convertirme en esposa de Jesús! Era la Virgencita recién nacida quien presentaba su florecita al Niño Jesús... Todo fue pequeño, excepto las gracias y la paz que recibí y excepto la alegría serena que sentí por la noche al ver titilar las estrellas en el firmamento mientras pensaba que pronto el cielo se abriría ante mis ojos extasiados y podría unirme a mi Esposo en una alegría eterna...

martes 8 de septiembre de 2009

Carta pastoral "Madre de Dios y madre nuestra” (37)


Carta pastoral sobre la Virgen María por Mons. Josep Àngel Saiz Meneses



Exhortación final

En el comienzo de la carta expresaba mi deseo de que a lo largo de este curso reflexionemos sobre la figura de María, su misión y su significado en la Historia de la Salvación y en la historia de la Iglesia, y de que esta reflexión nos ayude a valorar su importancia en la vida cristiana y en nuestra espiritualidad.

A través del estudio, la reflexión y la oración podemos contemplar especialmente la cooperación de María en la obra de la salvación, su maternidad divina, su maternidad espiritual sobre los creyentes; su ejemplaridad en el camino de la vida, en el camino de la fe, en el que nos guía como estrella luminosa; su quehacer de madre que congrega a la familia en la concordia, en la unidad.

Pido a Dios que estas reflexiones nos ayuden en la vida de fe y en la acción pastoral. Y le pido que nuestra oración, nuestra formación, nuestro trabajo pastoral estén inspirados en el canto del Magnificat, que expresa la alegría en Dios Salvador. Maria ha experimentado la grandeza de Dios, y cómo Dios ha mirado la pequeñez de su sierva. Ha experimentado el amor de Dios y las maravillas que quiere realizar a través de ella, porque para Dios no hay nada imposible.

Que el Señor nos conceda vivir y proclamar nuestro propio Magnificat, desde la conciencia de nuestra pobreza y pequeñez, desde el gozo inefable de la experiencia de su amor infinito. Con esa alegría ponemos nuestra vida y la vida de nuestra diócesis en manos de Dios, e invocamos a la Madre diciendo:

Dios te salve, dulce Madre.

Madre de Dios y Madre nuestra.

Con tu “sí” al anuncio del ángel,

engendraste al Hijo de Dios hecho hombre,

Jesucristo, fuente de la salvación.

Llena de fortaleza al pie de la cruz,

recibiste una nueva misión,

convirtiéndote en Madre de los creyentes.

Ruega por nosotros para que alcancemos

la plenitud de la fe, la esperanza y el amor.

En la vida eres la Estrella luminosa.

Tú, que cumpliste la voluntad del Padre,

avanzaste en el camino de la fe,

al lado de tu Hijo, signo de contradicción,

diligente con tu prima Isabel,

solícita en las bodas de Caná,

sé luz en nuestro camino,

guía en nuestras oscuridades y desalientos,

estrella que oriente nuestra singladura

hasta que lleguemos al gozo eterno.

Oh Madre nuestra, fuente de salud,

mediadora de todas las gracias,

Tú que congregaste a los discípulos

en la espera del don del Espíritu Santo,

enséñanos a vivir en la Iglesia de Cristo,

que peregrina en la diócesis de Terrassa.

Intercede por nosotros, hijos tuyos,

para que, en comunión de fe y de caridad,

anunciemos la Buena Nueva del Evangelio

y seamos en el mundo testigos de Cristo nuestro Señor.

Amén.

Terrassa, 30 de noviembre de 2008. Primer Domingo de Adviento.

+ JOSEP ÀNGEL SAIZ MENESES,

Obispo de Terrassa

sábado 5 de septiembre de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(3)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS


Por la tarde, fui yo la encargada de pronunciar el acto de consagración a la Santísima Virgen. Era justo que yo, que había sido privada tan joven de la madre de la tierra, hablase en nombre de mis compañeras a mi Madre del cielo. Puse toda mi alma al hablarle y al consagrarme a ella, como una niña que se arroja en los brazos de su Madre y le pide que vele por ella. Y creo que la Santísima Virgen debió de mirar a su florecita y sonreírle. ¿No la había curado ella con su sonrisa visible...? ¿No había ella depositado en el cáliz de su florecita a su Jesús, la Flor de los campos y el Lirio de los valles...?

viernes 4 de septiembre de 2009

San Jean-Marie Vianney y la Virgen (8)


"Oh Virgen dulcísima, única criatura que nunca le diste un disgusto al Divino Hacedor". Santo Cura de Ars

martes 1 de septiembre de 2009

Carta pastoral "Madre de Dios y madre nuestra” (36)


Carta pastoral sobre la Virgen María por Mons. Josep Àngel Saiz Meneses



Tres actitudes para la vida cristiana. Casa y escuela de comunión


El camino hacia la unidad

El Concilio Vaticano II, conducido por los pontífices Juan XXIII y Pablo VI, asume el movimiento ecuménico como camino de la Iglesia, como algo que forma parte de su propia vida y de su actividad pastoral. Basta recordar las constituciones Lumen Gentium y Gaudium et Spes, el Decreto Unitatis Redintegratio y la Declaración Nostra Aetate. Se trata de dialogar y buscar la unidad en el interior de la Iglesia, con los otros cristianos, con los que creen en Dios, y con todo ser humano que esté dispuesto a dialogar.

Más tarde, el Santo Padre Juan Pablo II continuó este camino de diálogo ínterconfesional e interreligioso. Para la historia queda el encuentro con los líderes religiosos de todo el mundo en Asís en 1986 o la apertura de la Puerta santa el día 18 de enero del año 2000, conjuntamente con el Primado anglicano y con el Metropolita del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

En continuidad con sus predecesores, Benedicto XVI se sitúa y sitúa a la Iglesia en diálogo con la cultura, con la ciencia, con el mundo de la política o del arte, en diálogo con todo y con todos. Así lo ha manifestado en las Jornadas Mundiales de la Juventud de Colonia y de Sydney. También a través de diferentes iniciativas de diálogo en las que ha exhortado al trabajo común para que la religión sea factor de paz y de unidad.

La unidad es la condición indispensable para el anuncio del Evangelio de Jesucristo, para nuestra acción pastoral, para el futuro de la evangelización. Si no vivimos la unidad, no podemos ser creíbles en la presentación del mensaje cristiano. Desde este convencimiento, desde esta vivencia profunda, hemos de hacer de cada parroquia, de cada comunidad cristiana, de cada comunidad religiosa, de la diócesis entera, una casa y una escuela de comunión. Tendremos que tender puentes a los hermanos que pertenecen a las otras confesiones cristianas, y también a los hermanos de otras religiones, y a todo ser humano de buena voluntad.

sábado 29 de agosto de 2009

UNA NIÑA EN BRAZOS DE SU MADRE.(2)

LOAS A MARÍA DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS

De repente, la Santísima Virgen me pareció hermosa, tan hermosa, que yo nunca había visto nada tan bello. Su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables. Pero lo que me caló hasta el fondo del alma fue la «encantadora sonrisa de la Santísima Virgen».
En aquel momento, todas mis penas se disiparon. Dos gruesas lágrimas brotaron de mis párpados y se deslizaron silenciosamente por mis mejillas, pero eran lágrimas de pura alegría... ¡La Santísima Virgen, pensé, me ha sonreído! ¡Qué feliz soy...! Sí, [30vº] pero no se lo diré nunca a nadie, porque entonces desaparecería mi felicidad.

martes 25 de agosto de 2009

Carta pastoral "Madre de Dios y madre nuestra” (35)


Carta pastoral sobre la Virgen María por Mons. Josep Àngel Saiz Meneses




Tres actitudes para la vida cristiana. Casa y escuela de comunión


El Espíritu Santo, principio de unidad

El Espíritu Santo es el principio de unidad y de diversidad. El Espíritu Santo une a los creyentes con Cristo y los une entre sí. Unifica a la Iglesia en comunión y ministerio, la renueva incesantemente, la provee con dones diversos tanto jerárquicos como carismáticos. El Romano Pontífice en la Iglesia universal, cada Obispo en la Iglesia particular, y en definitiva, cada miembro de la Iglesia, todos estamos llamados a construir y preservar la unidad.

La vivencia de la unidad, de la comunión eclesial, no significa un reduccionismo que limite la vida y el dinamismo evangelizador. La comunión eclesial no significa una uniformidad que no integre las características propias de las personas, grupos y pueblos que forman parte de ella. San Pablo lo recuerda: Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo» (1 Co 12, 4). Puesto que el Espíritu es el mismo, la diversidad de los carismas no debe provocar divisiones, al contrario, supone un enriquecimiento y una complementariedad dentro de una unidad orgánica y dinámica en la que todos los dones del Espíritu son importantes para la vitalidad del conjunto.

La Virgen María es modelo de la comunión eclesial en la fe, en la caridad y en la unión con Cristo, y es consuelo y esperanza en el difícil trabajo por la unidad, de modo que tanto los cristianos, los creyentes de otras religiones, y todos los hombres y mujeres de buena voluntad, podamos llegar a formar un solo Pueblo de Dios.