Los tres hombres de Oriente quedaron un buen rato en oración junto al Niño, Mientras tanto, María salió de puntillas a la tienda, para conseguir algo para preparar una buena comida. Le dieron de fiado en la tienda, porque, con los cinco siclos que hubo que pagar en el Templo el día de la purificación, ya no quedaba en caja más de medio siclo.
A la vuelta en casa, y cuando los Magos terminaron su oración, María les dijo que, con permiso, iba a preparar la comida; les trajo una jarra de vino y unos vasos, y les dejó con José.
Tomado del libro: "María, el Carpintero y el Niño", de P. Pedro María Iraolagoitia, S.J., Ediciones Mensajero
http://www.mensajero.com/catalogo.php?q=Iraolagoitia&x=0&y=0
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