
Había que darse prisa. Estas primeras horas eran las más valiosas. Había que dejar mucho terreno entre ellos y la policía. José trazó perfectamente el itinerario de huida, sorteando los pueblos y las vías principales.
Hicieron un alto al amanecer. Habían andado más de veinticinco kilómetros. Andaban y andaban. José miraba desconfiado a los lados, y sobre todo hacia atrás. De pronto oyeron un galope por detrás y vieron una nubecilla de polvo. Corrieron a esconderse detrás de unas matas. El galope se acercó a ellos…, estaba casi encima, cuando oyeron dos rebuznos. Eran una borrica y su borriquillo, que andaban retozando solos.
De noche, acamparon en el lecho seco de un torrente. José y María hicieron turno de centinela. El Niño durmió en los dos turnos. Mientras María estaba de centinela, oyó que José, en sueños, decía no sé qué del bruto de Herodes. María pensó entonces lo santo que era José para no haber dicho ninguna de esas expresiones cuando estaba despierto.
Tomado del libro: "María, el Carpintero y el Niño", de P. Pedro María Iraolagoitia, S.J., Ediciones Mensajero
http://www.mensajero.com/catalogo.php?q=Iraolagoitia&x=0&y=0
Recomendamos su compra y su lectura completa, pues lo que ofrecemos en este blog son extractos del mismo.



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