
Ahora, mientras seguía de prisa por el camino largo, la Virgen hablaba, cantaba y sonreía a aquel Hijo de sus entrañas que llevaba en su seno.
Iba de prisa la Virgen, porque su espíritu saltaba de regocijo en Dios su salvador.
El calzado de María era pobre y estaba polvoriento. Su vestido era baratito y corriente. Su equipaje un hatillo con unas pocas cosas indispensables y algún regalo para Isabel.
Se ha fijado en la pequeñez de su esclava.
Es Dios quien ha escogido hacer un viaje de esta forma.
Es Jesucristo quien ha escogido recorrer por primera vez la tierra de Israel en el seno de una jovencita campesina que camina a pie entre el polvo, las piedras y el sol.
María sabe que, por esto, la llamarán bienaventurada todas las generaciones.
Tomado del libro: "María, el Carpintero y el Niño", de P. Pedro María Iraolagoitia, S.J., Ediciones Mensajero
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