
Al día siguiente del ángel, aparentemente todo era igual. Sin embargo, María sabrá la noticia más sensacional de toda la historia.
No había periódico en Nazaret, ni había radio. Pero había un lavadero público donde se ventilaban todas las noticias, los comentarios. Cuando llegó María al lavadero con su balde y su ropa, las mujeres de Nazaret, entre el chapoteo de las ropas y él agua, repasaban las noticias y los pequeños chismes de siempre: que si fulanita y fulanito iban o no iban de novios formales, que si anoche se oyó una riña entre fulano y su mujer, que si habían llegado unos forasteros al pueblo...
En este momento, María podría haber soltado la noticia fantástica que había llegado al pueblo y a Israel y al mundo, el Personaje más grande de la historia. Que había llegado el esperado de las naciones, "el que había de venir''. María podría haber dicho lo que dijo poco después a su prima Isabel: ''Que la llamarían bienaventurada todas las generaciones". Pero no dijo nada. Ella sabía que aquello era un secreto. La Madre de Dios siguió frotando, aclarando y escurriendo.
Tomado del libro: "María, el Carpintero y el Niño", de P. Pedro María Iraolagoitia, S.J., Ediciones Mensajero
http://www.mensajero.com/catalogo.php?q=Iraolagoitia&x=0&y=0
Recomendamos su compra y su lectura completa, pues lo que ofrecemos en este blog son extractos del mismo.



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