Cuando amamos satisfacemos nuestras necesidades más profundas y llegamos a ser más plenamente nosotros mismos, más plenamente humanos. Hemos sido hechos para amar, para esto hemos sido hechos por el Creador. Lógicamente, no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo de amor verdadero, del núcleo de la enseñanza moral de Jesús: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser", y "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (cf. Mc 13, 30-31). Éste es, por así decirlo, el programa grabado en el interior de cada persona, si tenemos la sabiduría y la generosidad de conformarnos a él, si estamos dispuestos a renunciar a nuestras preferencias para ponernos al servicio de los demás, y a dar la vida por el bien de los demás, y en primer lugar por Jesús, que nos amó y dio su vida por nosotros. Esto es lo que los hombres están llamados a hacer, y lo que quiere decir realmente estar "vivo".
Benedicto XVI. SYDNEY, viernes, 18 julio 2008. Discurso a los jóvenes de la comunidad de recuperación de la Universidad Notre Dame de Sydney.
[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Benedicto XVI. SYDNEY, viernes, 18 julio 2008. Discurso a los jóvenes de la comunidad de recuperación de la Universidad Notre Dame de Sydney.
[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]



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