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miércoles, 6 de agosto de 2008

30 años del transito del Siervo de Dios, el Papa Pablo VI




Hoy 6 de agosto de 2008 se cumplen 30 años del transito del Papa Pablo VI hacia la casa del Padre.

La temprana muerte del beato Juan XXIII dejó a su sucesor la difícil tarea de llevar adelante el Concilio y aplicar sus innovaciones a la vida de la Iglesia. A los dieciocho días de la muerte del papa, el Cardenal Montini resultó elegido para esa tarea. Tomó el nombre de Pablo VI y fue coronado papa el 30 de junio de 1963.

A él le correspondió la apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II el 29 de septiembre de 1963 y las siguientes sesiones hasta su puesta en marcha a partir del 7 de marzo de 1965. Su pontificado, por tanto, estuvo marcado por la concreción del espíritu del Concilio en la renovación y modernización de la Iglesia católica y de sus enseñanzas. Reestructuró las instituciones vaticanas, internacionalizó el Sacro Colegio Cardenalicio y redujo el predominio abrumador de los italianos, descentralizó el poder papal para impulsar una mayor colaboración de los fieles en la vida de la Iglesia, viajó por todo el mundo para redoblar la presencia pública de la Iglesia y dio un nuevo impulso al diálogo ecuménico con las restantes confesiones cristianas.

Las encíclicas de Pablo VI mostraron la preocupación de la Iglesia por problemas del mundo moderno como el subdesarrollo (Populorum progressio, 1967) o el control de la natalidad (Humanae Vitae, 1968). La publicación de esta ultima encíclica le atrajo las criticas de amplios sectores de la Iglesia y del mundo científico y político, que pedian a gritos a la Iglesia su bendición para la píldora anticonceptiva. Pero Pablo VI “habia puesto su confianza en el Espíritu Santo de forma que pudiera ser una voz para la verdad” y el tiempo le está dando la razón. Según ha manifestado recientemente el doctor Thomas Hilgers, pionero mundial de las tecnologías naturales procreadoras: “Pablo VI tomó una decisión sobre la "Humanae Vitae" y la dejó en manos del Espíritu Santo. Esto es algo verdaderamente notable. Todo lo que necesitamos de él para que sea santo es comprender el momento en que tomó la decisión de escribir la "Humanae Vitae". La publicación de "Humanae Vitae" fue durísimo. Haber tomado esta decisión, es de verdad un milagro. Este milagro en sí es suficiente para canonizarle. Era una persona muy, muy santa y tomó probablemente una de las decisiones más duras, sino la más, del siglo XX. Pero era la correcta”.

En contraste con el impulso progresista de los sectores más radicalizados de la Iglesia, Pablo VI se mostró más conciliador, pragmático y conservador. Así, por ejemplo, Pablo VI se negó a alterar el sistema tradicional de elección de los papas para evitar que el cónclave se convirtiera en una especie de Parlamento democrático (1975).

Este aparente conservadurismo no impidió la aparición de enfrentamientos con un grupo de católicos tradicionalistas franceses encabezados por Monseñor Lefebvre, defensores de la misa en latín y de las doctrinas tradicionales de la Iglesia defendidas por ésta antes del Concilio Vaticano II (1976).

Durante su pontificado presidió la apertura de la puerta santa en la Basílica de San Pedro desde el 24 de diciembre de 1974 dando inicio al año santo o jubileo, el cual fue seguido por aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo.

En abril de 1978, Pablo VI se manifiesta ante las Brigadas Rojas por el secuestro del político italiano demócrata-cristiano y amigo de juventud Aldo Moro, de quien se conoce la noticia de su asesinato el 9 de mayo y preside su funeral en la basílica de Letrán, mostrándose visiblemente conmovido y siendo posiblemente esta una de las razones por las cuales se deterioró su salud, la cual se agrava el 5 de agosto y fallece el día 6 a las 21.40 horas por un ataque cardíaco.

En 1979, un año después de su muerte, se publicó un escrito suyo inédito titulado “Meditación ante la muerte” que expresa la esencia de su pontificado y su martirio ante la opinión publica por Jesucristo:

" Llega la hora. Desde hace algún tiempo tengo el presentimiento de ello. Más aún que el agotamiento físico, pronto a ceder en cualquier momento, el drama de mis responsabilidades parece sugerir como solución providencial mi éxodo de este mundo, a fin de que la Providencia pueda manifestarse y llevar a la Iglesia a mejores destinos. Sí, la Providencia tiene muchos modos de intervenir en el juego formidable de las circunstancias que cercan mi pequeñez: pero el de mi llamada a la otra vida parece obvio, para que me sustituya otro más fuerte y no vinculado a las presentes dificultades. Servus inutilis sum".

Ahora hay que recordar la oración final de Jesús (Jn 17). El Padre y los míos: éstos son todos uno; en la confrontación con el mal que hay en la tierra y en la posibilidad de su salvación; en la conciencia suprema que era mi misión llamarlos, revelarles la verdad, hacerlos hijos de Dios y hermanos entre sí; amarlos con el Amor que hay en Dios y que de Dios, mediante Cristo, ha venido a la humanidad y por el ministerio de la Iglesia, a mí confiado, se comunica a ella.

Hombres, comprendedme: a todos os amo en la efusión del Espíritu Santo, del que yo, ministro, debía haceros partícipes. Así os miro, así os saludo, así os bendigo. A todos. Y a vosotros, más cercanos a mí, más cordialmente. La paz sea con vosotros. Y, ¿qué diré a la Iglesia a la que debo todo? Las bendiciones vengan sobre ti: ten conciencia de tu naturaleza y de tu misión; ten sentido de las necesidades verdaderas y profundas de la humanidad: y camina pobre, es decir, libre, fuerte y amorosa hacia Cristo.

Amén. El Señor viene. Amén".

Pablo VI se encuentra en proceso de beatificación.

A continuación les ofrecemos el enlace a un texto radiofónico sobre Pablo VI y la oración que el Papa hizo en el funeral por su amigo Aldo Moro.

http://www.pablovi.com/publicaciones/pablovienmimemoria.htm


La oración del Papa Pablo VI en la homilía por Aldo Moro. Sábado, 13 de mayo de 1978, en la Basílica de Letrán.



Y ahora nuestros labios, cerrados como por un gran obstáculo, similar a la gran piedra que rodó junto a la sepultura de Cristo, quieren abrirse para expresar el "De Profundis, el grito, es decir, el llanto de inefable de dolor por la tragedia que ahoga nuestras voces.

¡Señor, escucha!

¿Quién puede escuchar ahora nuestro lamento, sino ahora Tú, Dios de la vida y de la muerte? Tu que no has escuchado nuestra suplica por la liberación de Aldo Moro, ese hombre bueno, amable, sabio, inocente y amigo. Pero Tú, oh Señor, no has abandonado su espíritu inmortal, marcado por la fe en Cristo, que es la resurrección y la vida. ¡Por él, por él...!

¡...Señor, escucha!

Haz, Oh Dios, Padre de la Misericordia, que no se interrumpa, por las tinieblas de la muerte, la comunión entre los difuntos que han pasado a ti y los que seguimos viviendo en este día de sol que inevitablemente sube a su cenit. No en vano, este es el programa de nuestro ser redimido: resucitará nuestra carne, nuestra vida será eterna. ¡Oh, que nuestra fe, se base en esta promesa real! ¡Que con Aldo y con todos los que viven en Cristo, felices en el infinito con Dios, nos reunamos de nuevo!

¡Señor, escucha!

Mientras, oh Señor, haz que aplacados por virtud de tu Cruz, nuestros corazones sepan perdonar
el ultraje injusto y mortal infligido a este queridísimo hombre y a aquellos que han sufrido el mismo destino cruel. Haz que todos nosotros recojamos el puro sudario de su noble memoria, la herencia que sobrevive a su recta conciencia, su ejemplo humano y cordial, su dedicación a la redención ciudadana y espiritual de la amada nación italiana!

¡Señor, escucha!

Después de la oración, escuchada por la asamblea en un silencioso recogimiento, Pablo VI subrayó aun más su participación paternal en el dolor común con las siguientes expresiones dirigidas a los presentes en la Basílica y todos los que seguían la celebración en la plaza y a través de la radio y la televisión:



Antes de terminar el rito del sufragio, en el que hemos orado por la paz eterna de nuestro hermano, levantamos nuestros brazos para bendecir los que están presentes en este templo, a los que no encontrar sitio en estos muros permanecen en la plaza, y a todos los que aunque lejanos, están unidos espiritualmente con nosotros. En esto momento están presentes, ante nuestro corazón de padre todas las familias que, en el mundo entero, lloran a sus allegados como victimas de la violencia, o que aguardan con ansia y angustia la liberación de los seres queridos. Deseamos manifestarles hasta qué punto somos participes de su aflicción, y hasta que punto estamos a su lado con nuestra oración. Sobre todos invocamos, portadora de esperanza y serenidad, la reconfortante ayuda del Señor.

Pavlvs VI, Ora pro nobis.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente Blog,

REalmente Pulo VI fue un profeta, y la única explicación de esa actualidad aún vigente del Humanae Vitae, es por obra del Espíritu Santo.

Gracias y bendiciones

JB dijo...

Muchas gracias por vuestro comentario... he visitado vuestro blog y me parece "grande" y muy "consistente". Felicidades!

Un abrazo grande, cristaianos del Perú!!