Fundada sobre la enseñanza de los Apóstoles, en la adhesión a ellos, en la fracción del pan y la oración (cf. Hch 2,42), la joven comunidad cristiana dio un paso adelante para oponerse a la perversidad de la cultura que la circundaba (cf. Hch 2,40), para cuidar de sus propios miembros (cf. Hch 2,44-47), defender su fe en Jesús ante en medio hostil (cf. Hch 4,33) y curar a los enfermos (cf. Hch 5,12-16). Y, obedeciendo al mandato de Cristo mismo, partieron dando testimonio del acontecimiento más grande de todos los tiempos: que Dios se ha hecho uno de nosotros, que el divino ha entrado en la historia humana para poder transformarla, y que estamos llamados a empaparnos del amor salvador de Cristo que triunfa sobre el mal y la muerte.
Benedicto XVI. SYDNEY, jueves, 17 julio 2008. Discurso en la fiesta de acogida de las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebrada en el muelle de Barangaroo.
[Traducción de "Radio Vaticano" © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Benedicto XVI. SYDNEY, jueves, 17 julio 2008. Discurso en la fiesta de acogida de las Jornadas Mundiales de la Juventud, celebrada en el muelle de Barangaroo.
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