Queridos amigos,
Encontrándose con los jóvenes de todo el mundo en Australia, el Papa dijo que por mandato de Cristo "los apóstoles partieron para testimoniar la más grande historia de todos los tiempos." Lo mejor es que en esta historia también nosotros estamos llamados a ser protagonistas ante nuestra generación.
Es la historia incomparablemente más hermosa porque está llena de luz, de amor, de esperanza y de vida eterna. Es una historia que termina con la victoria sobre la muerte y con la gloria de la resurrección. Es una historia con final feliz para todos aquellos que se dejan implicar en ella. Es una historia que atraviesa los caminos peligrosos y laboriosos del tiempo, mas que termina en una feliz eternidad.
Jesús es el corazón de esta historia y nos acompaña hasta el fin del mundo. Somos los protagonistas junto con él y cada uno tiene su tarea, su misión que cumplir. No es necesario que la Iglesia conquiste el mundo, sino solo que los cristianos seamos sal, luz y fermento. Los cristianos son la vanguardia de esta historia y tienen la tarea de indicar el camino que conduce a la meta.
De una manera especial los jóvenes deben recoger el testigo de esta magnífica aventura. La misión de los apóstoles comienza de nuevo en cada generación. Incluso hoy Cristo llama, como ayer a Pedro, a Pablo, a Benito, a Francisco, a Ignacio, a Don Bosco, al Padre Pío, a Karol Wojtyla...
Más que nunca, es tiempo de especialísimas llamadas y de generosas respuestas.
Vuestro, Padre Livio.
(c) 2004-2005 Radio Maria. Tutti i diritti riservati.
Encontrándose con los jóvenes de todo el mundo en Australia, el Papa dijo que por mandato de Cristo "los apóstoles partieron para testimoniar la más grande historia de todos los tiempos." Lo mejor es que en esta historia también nosotros estamos llamados a ser protagonistas ante nuestra generación.
Es la historia incomparablemente más hermosa porque está llena de luz, de amor, de esperanza y de vida eterna. Es una historia que termina con la victoria sobre la muerte y con la gloria de la resurrección. Es una historia con final feliz para todos aquellos que se dejan implicar en ella. Es una historia que atraviesa los caminos peligrosos y laboriosos del tiempo, mas que termina en una feliz eternidad.
Jesús es el corazón de esta historia y nos acompaña hasta el fin del mundo. Somos los protagonistas junto con él y cada uno tiene su tarea, su misión que cumplir. No es necesario que la Iglesia conquiste el mundo, sino solo que los cristianos seamos sal, luz y fermento. Los cristianos son la vanguardia de esta historia y tienen la tarea de indicar el camino que conduce a la meta.
De una manera especial los jóvenes deben recoger el testigo de esta magnífica aventura. La misión de los apóstoles comienza de nuevo en cada generación. Incluso hoy Cristo llama, como ayer a Pedro, a Pablo, a Benito, a Francisco, a Ignacio, a Don Bosco, al Padre Pío, a Karol Wojtyla...
Más que nunca, es tiempo de especialísimas llamadas y de generosas respuestas.
Vuestro, Padre Livio.
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