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sábado, 13 de noviembre de 2010

Oración de los esposos cristianos

Ofrecemos un precioso texto traducido por los hermanos monjes del Monasterio de la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo en Argentina sobre la oración de los esposos cristianos

...La Iglesia no puede existir sin una oración común y sin la participación eucarística de sus miembros. Sin oración común, sin vida religiosa común y sin una marcha espiritual común no se puede fundar una "iglesia doméstica", una familia cristiana, la más pequeña célula de la Iglesia de Cristo universal. Muchos padres espirituales lo comprendían muy bien. El padre Alexandre Tolgsky no preguntaba simplemente, en confesión, si su hijo espiritual rezaba todos los días mañana y noche, sino si rezaba todos los días con el esposo o la esposa.

...Al comienzo de la liturgia de los fieles, el sacerdote proclama en voz alta: "Concédenos glorificarte con una sola voz y un solo corazón, y cantar tu nombre venerable y magnífico, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos".

...Si el sacerdote pide por toda la Iglesia, por todos aquellos que están en la iglesia tener una sola voz y un solo corazón por una relación de oración eucarística con la Santa Trinidad, a fortiori es indispensable que aquellos que forman "una sola carne" tengan una sola voz y un solo corazón. ¿Cómo dicha única carne podría no elevar al Señor una oración en común de agradecimiento, de pedido por sus necesidades y no reforzar su unidad por una relación común con Dios?

...La oración común protege de las disputas, obliga a aquellos que se han peleado a reconciliarse, ayuda a disipar malentendidos que pueden surgir entre los seres humanos. Es conveniente introducirla desde los primeros días de la vida conyugal, porque será mucho más difícil establecerla más tarde, ya que la oración en común nace más fácilmente cuando existe una apertura total y plena de amor del alma de uno para con el otro, cuando se está en búsqueda de nuevas formas de modo de vida, cuando antes del nacimiento de los hijos un ritmo cotidiano completo es posible. Una regla de oración en común de marido y mujer es la base que permite la edificación de la "iglesia doméstica". Ayuda a educar los hijos en la oración y a organizar la oración de toda la familia.

...A veces llegamos a oír objeciones a la oración cotidiana en común de los esposos tanto de parte de laicos como de jóvenes sacerdotes. Pero antes de responder a dichas objeciones, conviene recordar que los santos Padres distinguían diversos niveles de oración.

...El primer nivel, escribía san Teófano el Recluso, es la oración corporal, que consiste más en lectura, en estar de pie, en metanías. La atención se desvía, el corazón no siente, no se tiene ganas: es la paciencia, el trabajo, el sudor. Sin embargo, a pesar de ello, resiste y haz tu oración. Es una oración activa.

...El segundo nivel es una oración atenta: la inteligencia se habitúa a concentrarse en el momento de la oración, a decirla enteramente con conciencia, sin dispersión. La atención se diluye en la palabra escrita y la dice como si fuera suya.

...El tercer nivel es la oración de los sentidos: el corazón se torna cálido gracias a la atención, y el que era el más alto pensamiento se convierte aquí en intuición. Allí donde había una palabra de contrición, está ahora la contrición; allí donde había un pedido, existe ahora la intuición de menester y necesidad. Aquel que ha pasado por la intuición, ora sin palabras, ya que Dios es el Dios del corazón […] La lectura puede entonces cesar, igual que la reflexión; basta permanecer en la intuición con ciertos signos de oración.

...El cuarto nivel es la oración espiritual. Comienza cuando la oración intuitiva se vuelve continua. Es el don del Espíritu de Dios que ora por nosotros, y es el último grado de la oración al que se puede alcanzar.

...Estos diferentes niveles de oración reflejan los niveles de elevación del hombre hacia Dios, sin embargo, los tipos de oración en la vida de un laico pueden alternar una con otra, con una predominancia de una de ellas en su actividad de oración. Habitualmente, entre los jóvenes que van a casarse y los jóvenes esposos, la oración es activa o atenta […]

...¿Cuáles son, pues, las objeciones que se pueden oír contra la oración en común de marido y mujer? En primer lugar, se dice a menudo que "cuando uno dice las oraciones en voz alta, los pensamientos del otro vagan por un país lejano". Pero nuestro pensamiento parte a un "país lejano" incluso en la iglesia, lo que no significa que no se deba ir a la iglesia: hay que poner en orden nuestro pensamiento. Durante la oración familiar en común uno pronuncia en voz alta las palabras y otro las repite en silencio y ellos se dirigen a Dios con las mismas alabanzas, las mismas glorificaciones y agradecimientos y le piden juntos los bienes necesarios para su vida espiritual, para sus almas y sus cuerpos.

...Uno de los escritores religiosos de los primeros siglos señalaba que los cristianos se reunían para las oraciones en común, para que aquellos que tienen experiencia en la oración sostengan la oración de los no experimentados. Esta observación es igualmente válida en muchos casos de oraciones familiares de los esposos. Hay que acordarse de ello cuando se organiza la oración con los hijos.

...La oración en común, la regla de oración común acostumbra a una disciplina espiritual de oración. Si uno es débil, el otro lo sostiene. Vamos a la iglesia porque nuestra oración personal es sostenida por la oración común. Es con una oración común que la jornada comienza y se termina en los seminarios y academias religiosas. En los monasterios comunitarios la vida está fundada sobre la oración común. En ciertos lugares, incluso la oración de Jesús es pronunciada en común, ya que crea una fraternidad espiritual en Cristo, como dicen los maestros vueltos sabios por la experiencia.

...El costado exterior de la oración no es más que la forma de la oración. Su esencia, el alma de la oración, se encuentra de hecho en la inteligencia y en el corazón del hombre.

..."Todo nuestro ritual de oración, escribía san Teófano el Recluso, todas las oraciones compuestas para una utilización doméstica, están llenas de impulsos espirituales a Dios. Aquel que las lee, por poco atento que sea, no puede evitar este ascenso espiritual hacia Dios, más que si está totalmente desatento en lo que hace".

...Es útil que los esposos, leyendo la regla cotidiana de oración en común, alternen la lectura en voz alta según los días o según las diferentes partes. Ello crea un equilibrio en la oración, activando una oración inteligente de los dos. Se puede prescindir de ello en las familias de los sacerdotes, donde el marido no pronuncia más que la primera y la última ecfonesis, y provisoriamente, en las familias donde uno de los dos esposos comienza.

...La segunda objeción contra la regla de la oración en común de los esposos consiste en lo siguiente: la oración es una relación personal de la persona con Dios, una emoción de las más íntimas. La experiencia de la oración es bastante individual, la oración con otro debilita el impulso de la oración personal. Dicha objeción es a menudo formulada por jóvenes sacerdotes, más raramente por laicos. Se plantea cuando uno de los esposos cree tener más experiencia de la oración que el otro. Es contra dicha objeción que están dirigidas las palabras del apóstol Pedro (1 P. 3, 7): "Maridos, tened una relación razonable con vuestras esposas […] respetándolas, como coherederas de la vida plena de la gracia, para que no haya obstáculos en vuestras oraciones".

...Si se la vive en la unidad de alma y cuerpo, uno no puede elevarse espiritualmente sin la elevación y el apoyo del otro. Un sacerdote ahora fallecido confesaba: "He comprendido que si arrancaba adelante, y mi esposa se retrasaba, ella me tiraba de atrás, y viceversa". A veces una desunión espiritual se produce entre marido y mujer, y el matrimonio se transforma en concubinato, o en vida común bajo un mismo techo. Ello se siente inevitablemente en todo el ambiente familiar.

...Cuando las necesidades de oración aumentan, la oración en común no debe nivelar la individualidad de la oración de cada uno de los esposos. Durante la regla de la oración común, como en la iglesia, cada uno reza más o menos a su modo, personalmente, pero conversa con Dios al unísono con los demás. Sin embargo, la oración en común no suprime la oración individual a lo largo del día […]

...El autor ha oído una vez: "No rezamos juntos porque se dice que no hay nada más peligroso que una oración formal". El formalismo en la oración es un peligro que acecha por igual a quien reza en la soledad como a quien se encuentra en una iglesia llena de gente y quien se ha reunido con toda su familia ante el icono familiar. Hay que combatirlo con fuerza de voluntad y por la oración en si misma.

...Los cristianos de todos los tiempos han comprendido el hecho de que es indispensable para los esposos rezar en común. Según Tertuliano, en una familia cristiana feliz "los esposos rezan juntos, se arrodillan juntos, ayunan juntos, se sostienen y se dirigen mutuamente. Son igual en la Iglesia y en sus relaciones con Dios, comparten igualmente la pobreza y holgura, no tienen secretos el uno con el otro y no constituyen una carga entre sí […] Cantan juntos los salmos, y Jesucristo se regocija, viendo su modo de dirigir su casa, y envía su paz sobre esa casa y permanece allí entre ellos" […]

...Las oraciones familiares en común de los esposos nos vienen como modelos de vida del cristianismo más antiguo. Habiendo entre esposos una relación de oración, se puede no solamente ver y concebir sino sentir a su esposo o esposa como coheredero o coheredera de la vida de la gracia que comienza aquí sobre la tierra.

...El contenido y las formas de las oraciones familiares de los esposos pueden ser muy variadas. Se definen por la necesidad espiritual, la experiencia religiosa del marido y la mujer, por los acontecimientos vividos que experimenten la familia o aquellos que le son cercanos.

...La base de la oración cotidiana de un laico es la regla de oración matutina y vespertina. Sin embargo a veces, según las condiciones de vida sólo una de ellas puede ser común. La individualización de una de dichas reglas, a menudo la matutina, se vuelve ineluctable luego del nacimiento de un hijo: la mujer duerme después de haber debido levantarse a la noche por el niño y el marido tiene prisa de ir al trabajo. La oración común cotidiana debe ser bastante breve, para ser accesible con alegría para cada uno de los esposos…

...Los días de aflicciones y dificultades, de alegría y bienestar, se puede, además de las oraciones habituales, incluir de común acuerdo oraciones especiales. Semejantes ocasiones pueden ser un viaje previsto, la espera de un parto, el nacimiento de los hijos, el otorgamiento de un departamento y una multitud de otros acontecimientos de la vida, igual que el agradecimiento por haber obtenido lo que se pedía.

...La familia no debe encerrarse sobre si misma durante la oración. Siendo una parte de la Iglesia, debe rezar por toda la Iglesia y por sus jerarcas, por sus miembros, por el padre espiritual, por los parientes y los cercanos. La oración en común por alguien es una ayuda, no solamente para él, según la Palabra del salvador: si dos de entre vosotros se ponen de acuerdo para pedir por algo, lo que pidáis entonces mi Padre celestial os lo concederá (cf. Mt. 18, 19), sino que ella contribuye a la multiplicación del amor y al acercamiento espiritual de aquellos mismos que rezan. Es útil tener un díptico [lista de vivos y difuntos por los que se reza] común familiar. Une a los esposos en una preocupación común de acción y oración por los demás. Existe una fórmula especial de oración para la concordia […]

...Rezad juntos y que el Señor os ayude a edificar vuestras "iglesias domésticas".

...Extracto de L'Église au foyer: les sources spirituelles et morales pour la création et l'édification de la famille, Cerf, 2000. Traducción del francés del Dr. Martín E. Peñalva.

Publicado por Monasterio de la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo en 02:09

http://oriente-cristiano.blogspot.com/2009/06/la-oracion-de-los-esposos-gleb-kaleda.html

sábado, 27 de marzo de 2010

María meditaba en su corazón (3)


Sumirse plenamente en la oración de María

Quienes se sienten llamados a consagrarse totalmente a la oración por el mundo a fin de que el Hijo del hombre encuentre aún fe cuando vuelva a la tierra, deben sumirse plenamente en la oración de María, la cual comenzó y acabó su vida en la oración incesante. Sobre todo no han de intentar justificarse cuando les digan que esta oración es utópica o que no basta rezar; no hay ninguna justificación que buscar, pues su vocación viene de arriba y sólo el Padre puede decidir sobre esta vocación. No han de buscar tampoco cómo orar ni cuánto tiempo han de orar, y menos aún si han de hacerlo mental o vocalmente. Eso se les concederá en el momento debido. Únicamente han de consagrarse a la oración, lo mismo que un cachorro se arroja al agua para salvar su vida. Si les preguntan por qué rezar, por quién rezar, si tiene alguna utilidad rezar, limítense a responder: "Yo rezo porque Dios es Dios y me lo ha pedido". Sobre todo que no busquen rezar bien, de lo contrario no rezarán jamás; sino que busquen ante todo rezar siempre, sin cansarse nunca, sin desanimarse.

¿Qué quiere decir sumirse totalmente en María? La respuesta nos la da san Luis Griñón de Monfort al decir "que debemos hacer todas nuestras oraciones en el oratorio del corazón de María". Esto supone que hemos descubierto ese oratorio y que habitamos en el corazón de María, lo mismo que Juan acogió a María en su casa después de pascua. En otros términos, es preciso que hayamos tenido la experiencia de la proximidad de María, de su presencia a nuestra vera (como decíamos a propósito del hermano Mutien-Marie), pues ella nos conoce a fondo e íntimamente, hasta el punto de que no necesitamos abrirle nuestro corazón y que ella acoge el menor deseo y la más insignificante oración. Sencillamente hemos de limitarnos a rezarla y a suplicaría apenas dispongamos de un momento libre. Con ella vivimos la eucaristía, celebramos el sacrificio y bajo su mirada hacemos oración. En la oración del rosario sobre todo es donde nos sumimos enteramente, no nos cansamos de repetirlo, porque añadimos una multitud de otros misterios que el Espíritu nos inspira, por ejemplo la meditación de los acontecimientos de la vida de Jesús en el corazón de María o su asidua oración en el cenáculo. Me gustan especialmente las palabras de Jesús a san Juan: He ahí a tu madre, sobre todo cuando interviene el Espíritu y nos hace gustar que María es para nosotros una verdadera madre. También están las palabras de Jesús que proclaman bienaventurada a su madre por escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica. Todas estas expresiones alimentan nuestra oración y nos mantienen habitualmente en compañía de María. Pero el fondo de nuestra oración, aquella a la que volvemos como atraídos por una fuerza, es el rosario, sobre todo la segunda parte del avemaría: "Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".

Algunos se preguntarán con razón si, al pasar enteramente por María, no le quitan algo a Dios. Funcionamos a menudo en la línea de la distribución: hay que comenzar rezando al Espíritu Santo para que nos conceda el don de la oración; volvernos luego a Cristo, que es el único orante y que nos ha enseñado a rezar, y luego, como nos lo ha enseñado Jesús, hemos de ponernos bajo la mirada del Padre, que ve en lo secreto para orar. Solamente entonces comenzamos a rezar a María, y le pedimos con frecuencia que se digne presentar nuestras oraciones a su Hijo. Así se respeta la jerarquía de la oración.

Quienes han tomado la decisión de sumirse totalmente en la oración de María no proceden de esa manera. No viven de acuerdo con un esquema de distribución, sino que van directamente a María a rezarla. Saben muy bien que todas nuestras oraciones se dirigen a Dios únicamente, pero no eligen; dejan a María el cuidado de dirigir su oración como ella quiera y, sobre todo, como ella sabe, a cada una de las personas de la Santísima Trinidad. Ella es la que ora con nosotros y por nosotros. En ella rezamos nosotros.

En el fondo de esta manera de rezar está también la convicción enunciada por Griñón de Monfort: «Cuando rezas a María, ella responde "Dios"». María no retiene para sí ninguna de las oraciones que se le dirigen, pues es pura transparencia y sabe bien que todo don perfecto viene, no de ella, sino del Padre de las luces, del que provienen todas las gracias. Los que rezan a María de este modo no se hacen todos estos razonamientos; tienen la convicción de que María es la omnipotencia suplicante y que deben pasar por ella para rezar al Padre. Lo hacen bajo la presión de un instinto que les es sugerido por el Espíritu Santo y que les da la certeza de que esa es la buena manera de rezar y que no se engañan.

Por lo demás, esta manera de rezar no es permanente. Puede que se nos conceda algunos días, en los que podríamos repetir lo que afirmaba Teresa de Lisieux después de la gracia que recibió al comienzo de su vida religiosa, que durante una semana vivió bajo el manto de María y le parecía no encontrarse ya en la tierra, hasta el punto de que hacía las cosas como si no las hiciera. Es lo que ocurre a quienes reciben la gracia de sumirse totalmente en la oración de María. No están bajo su manto; pero están en su corazón, y allí es donde hacen todas sus oraciones.

Esto puede durar más o menos tiempo; a veces, sólo algunos días, o simplemente el rato de un momento de oración. Luego, ¡se acabó! Ya no se percibe la presencia de María; parece lejana. En ciertos momentos se pregunta uno si la sigue queriendo o qué ha podido hacer para no percibir esa oración a María. No tenemos por qué reprocharnos nada; no depende de nosotros, sino de Dios, que nos otorga esta gracia cuando quiere y como quiere. Él es libre de no devolvérnosla. Es esta una ley de la vida de oración: hay que vivir en la alternativa sin imponer a Dios nuestras ideas, sino acogiendo con alegría y acción de gracias lo que nos da cuando quiere.

Semejante gracia puede ir seguida de un periodo de sequedad o de otra gracia. De golpe sentimos que estamos bajo la mirada del Padre, del que procede todo don perfecto, y abrimos las manos para acogerlo todo sin saber muy bien por dónde comenzar, si por dar gracias o por suplicarle. Verdaderamente la oración del Espíritu es imprevisible; hemos de esperarlo todo, sobre todo lo inesperado.

Esto nos enseña a no tomar demasiado las riendas de nuestra oración, sino a dejarnos guiar por Dios mismo y por su Espíritu, como él quiere y cuando él quiere. Creo, sin embargo -aunque no pretendo estar en lo cierto-, que esta guía en nuestra oración, y sobre todo en los detalles de nuestra vida, es también una gracia que nos viene de María, por no decir del Espíritu Santo. Los que se lo han dado todo a María y se han consagrado enteramente a ella deben esperar que ella intervenga como ella sabe y cuando lo desee. Nosotros no somos ya dueños de nuestra vida. Es María la que se encarga de guiamos, como el piloto releva al capitán en el gobierno del barco cuando hay que atravesar el canal de Suez.

Lo que ha de tranquilizarnos y darnos una alegría y confianza absolutas es saber que estamos en muy buenas manos y que nada malo puede acontecernos. Pero cuidemos de no resistirle, sobre todo en las cosas pequeñas y en los consejos cotidianos. Debemos obedecer a la menor indicación de la mano de la Virgen; de lo contrario hará que sintamos nuestras resistencias y desobediencias. Es una gracia grandísima dejarse guiar así por María, sobre todo en la oración y en la vida, porque nos damos cuenta de que no solamente nuestro obrar está marcado por su huella, sino que el fondo mismo de nuestro ser se ha vuelto enteramente mariano.


Fragmento extraído de: "Día y Noche" de Jean Lafrance
http://usuarios.multimania.es/contemplatio/con-lafrance.htm

sábado, 20 de marzo de 2010

María meditaba en su corazón (2)




Así oraba María

Me he preguntado con frecuencia si no seria así como rezaba María. Sin duda existe una diferencia fundamental entre su oración durante la vida terrena de Jesús y su oración después de pascua. Cuando evocamos la vida de María no prestamos suficiente atención al hecho estremecedor de la resurrección. Bossuet decía que después de pascua la vida de María fue un milagro permanente, pues llevaba un peso de gloria insoportable para nuestra pobre humanidad; y afirmaba que la asunción no fue un milagro, sino el final de un milagro.

Como en la vida de Cristo, los acontecimientos de su existencia adquirieron todo su peso y densidad después de la resurrección, en el momento en que fueron objeto, primero de la predicación, y luego cuando los evangelistas los consignaron por escrito. Lo mismo hay que decir de todos los acontecimientos de la vida de María, lo que se denomina los evangelios de la infancia: anunciación, visitación, nacimiento de Jesús, y los demás sucesos de su vida oculta, sin olvidar su presentación en el templo. Esto no quita nada al carácter real e histórico de aquellos acontecimientos; pero se convirtieron verdaderamente en objeto de oración cuando María, una vez recibido el Espíritu de pascua, penetró en la inteligencia espiritual de aquellos episodios de la vida de Jesús. Hubo de repasarlos en la memoria de su corazón y trasformarlos en oración, según las palabras mismas del evangelista san Lucas, que dice: María conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2,19.51). Se siente uno tentado a decir que la oración de María después de pascua fue una meditación larga, intensa y profunda de los acontecimientos de la vida de su hijo en todas sus etapas, lo que constituye el objeto mismo de la oración del rosario. A veces pienso con humor que el fondo de la oración de María lo constituía el rosario; en la primera parte del avemaría recordaba las palabras exactas pronunciadas por el ángel Gabriel, por Isabel, los pastores, los magos, Simeón y Ana, mientras que en la segunda intercedía por la Iglesia naciente, a fin de que Jesús encontrara fe cuando volviera a la tierra.

En Lourdes, Bernardita veía a María rezar el rosario y recitar la primera parte del Dios te salve, María.

Antes de pascua, la oración de María debía asemejarse a la de Jesús niño y a la de todo judío que frecuentaba asiduamente la sinagoga y subía cada año al templo de Jerusalén. Hay que observar, sin embargo, que María, habiendo conservado su naturaleza original, oraba naturalmente, sin percatarse de ello siquiera, como nuestros primeros padres fueron colocados en el jardín del Edén para cultivarlo, es decir para hacer de toda su vida un culto espiritual (tal es el sentido de la palabra cultivar). Tenían la posibilidad de rezar siempre y de conseguir naturalmente lo que nosotros hemos perdido por la caída original. Igualmente, María oraba como respiraba, y su vida entera era un culto dado a Dios. En una palabra, oraba sin cesar. Sin duda no debía tener conciencia de ello, como cuenta Casiano a propósito de aquel que llegó a la oración incesante: "Reza siempre, pero no tiene conciencia de que reza".

Con el hecho de pascua se produjo un giro. Al menos es lo que Lucas nos da a entender con los dos versículos que hablan claramente de la oración de María. Si Lucas nos presenta dos recensiones de ello en términos casi idénticos, es precisamente porque aquellas palabras nos dan la clave de la meditación de la Virgen. A mi me han parecido siempre los dos versículos más importantes del evangelio a propósito de la oración de la Virgen.

• El primero: María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 2,19).
• El segundo: Su madre guardaba fielmente todas estas cosas en su corazón (Lc 2,51).
Quizá convenga describir el cuadro en el que María vivió después del acontecimiento de pascua. La encontramos desde la ascensión en medio de la comunidad de los once, rodeados de los discípulos. Se encuentra, pues, en el corazón de la Iglesia y asegura la cohesión de sus miembros. Siendo la madre del Señor elevado a la gloria, y a causa de esta proximidad, ocupaba un puesto privilegiado en la comunidad primitiva. Por lo demás, el mismo Jesús desde la cruz la había confiado a su amigo más íntimo, que la había recibido en su casa. También san Juan debía ser considerado muy cercano al Señor, pues había reclinado la cabeza en su corazón en la cena y había recibido sus últimas confidencias.

En aquel ambiente de fervor primitivo nacieron los relatos referentes a la anunciación, al nacimiento y al crecimiento del Salvador. Lucas lo da a entender cuando dice que María guardaba todas estas cosas en su corazón hasta el día, se entiende, en que se realizarían. Los exegetas nos dicen que esos dos versículos presentan una ejecución apocalíptica, o sea que evocan acontecimientos que han tenido ya lugar ciertamente, pero cuyo significado último no se comprenderá sino después de la glorificación del Señor. En el momento en que esos acontecimientos fueron anunciados o se realizaron, María no tenía intención de referirlos, y menos aún de consignarlos por escrito, pues era una mujer sencilla, pobre, sin gran cultura, que, si bien sabia leer, no estaba capacitada para redactarlos por escrito. Por lo demás, eso no hubiera tenido ningún significado, ya que el Señor no había sido aún glorificado. Si se me permite una comparación que guarda alguna proporción con el acontecimiento de Cristo, a nadie se le hubiera ocurrido escribir la vida de Napoleón cuando todavía era niño. Era preciso esperar a su entrada en la historia para interesarse por sus orígenes, su crecimiento y su educación.

En cierto modo es lo que ocurrió con Jesús. Una vez que fue resucitado por el poder del Espíritu y entronizado en la gloria del Padre en la ascensión se comenzó a volver sobre los acontecimientos del pasado y a ver en esos comienzos la fuente de su origen divino. María pudo, pues, referir el hecho de la anunciación, que debió considerarse dentro del orden normal de las cosas visto lo sucedido con Jesús después de su muerte. Cuando se cree en el poder que resucitó a Jesús de entre los muertos, no hay dificultad en creer en el origen divino de Jesús, y sobre todo en que la fuerza del Espíritu se posó sobre la virgen María, formando en ella el cuerpo de Cristo. Si se cree en la resurrección de Cristo porque es hijo de Dios, hay que creer también que aquel hombre-Dios pudo nacer de una virgen. Así es como nacieron los relatos de la infancia de Jesús.

Juan y Lucas debieron interrogar a la Virgen sobre aquel niño misterioso convertido en Señor de la gloria; y ahí tiene su plena realización la doble indicación de Lucas sobre la meditación de María en su corazón. Después de pascua, y sobre todo en Pentecostés, María debió guardar todos aquellos recuerdos en el silencio de su corazón. Pasó días y días rumiándolos en todos los sentidos bajo la acción del Espíritu Santo, constituyendo entonces el objeto de su oración, centrada toda ella en el Salvador. El Señor glorioso se había convertido en el centro de su vida.

Las palabras del ángel Gabriel: Nada es imposible para Dios, adquirieron entonces su plena revelación. En el momento de recibirlas, durante la anunciación, ella realizó aquel acto de fe inaudito: Dios es capaz de hacer nacer a Jesús de su carne virgen, como lo había sido de hacer nacer a Juan Bautista de una mujer estéril. Hoy veía ella su plena realización en la resurrección de Jesús. El Espíritu es la omnipotencia de Dios, para el que nada hay imposible.

Entonces la súplica de María se multiplicó. Ya en el tiempo de la anunciación suplicaba ella, pues todo es posible a Dios; pero, después de pascua, el mismo Espíritu Santo se adueñó de su súplica y le confirió una intensidad y una fuerza capaces de derribar montañas. En estricto rigor, fue la súplica del Espíritu Santo en ella. Por eso nuestra oración a María debe tener siempre como mira última la súplica, puesto que la Virgen es la omnipotencia suplicante.

Así pues, María recogió en su oración todos los acontecimientos de la vida de Jesús tal como los encontramos cuando rezamos el rosario. No hay duda de que también reconsideró otros acontecimientos; pero lo esencial es que Jesús creció en su corazón por la fe, lo mismo que Lucas afirma que él crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres. A Teresa del Niño Jesús le complacía particularmente contemplar el misterio de la anunciación, porque en aquel momento Jesús había sido lo más pequeño en el seno de María.

Así nuestro rezo del rosario se funde en la contemplación de María, y dejamos que Jesús nazca, viva y crezca en nuestros corazones por la fe, lo mismo que comulgamos con sus sufrimientos cuando rezamos el misterio de su pasión. De la misma manera, bajo la acción del Espíritu es como rezamos los misterios gloriosos, en los que Jesús nos hace experimentar el poder de su resurrección. Por tanto, los que rezan todos los días el rosario siguen la escuela suplicante de María y dejan que la vida divina los engendre por Cristo, que nace, sufre y resucita en ellos. Con ello, toda su vida está poseída por la vida de Jesús y por su oración, de la que hemos hablado en el capitulo precedente.

Fragmento extraído de: "Día y Noche" de Jean Lafrance
http://usuarios.multimania.es/contemplatio/con-lafrance.htm

sábado, 13 de marzo de 2010

María meditaba en su corazón (1)


Todo creyente que se siente llamado a vivir de la oración incesante y a ser de esos elegidos que gritan a Dios día y noche mira hacia la Virgen, sobre todo cuando descubre la inaccesibilidad de la oración de Jesús. Pero al mismo tiempo experimenta que la Virgen es un misterio de predilección y que no se acerca uno a ella sin ser atraído por Jesús y sin haber recibido la gracia del Espíritu Santo. No a todo el mundo se le concede profesar un amor total a María y hacer pasar por ella toda su vida de oración, pues es una gracia inspirada por el Espíritu. Griñón de Monfort decía que el corazón de María era el oratorio en el que deberíamos hacer todas nuestras oraciones. Tampoco está en nuestras manos experimentar la presencia continua de María a nuestro lado, e incluso en nosotros mismos. Es pura gracia del Espíritu. San Mutien-Marie de Malonne decía que había pedido a María que le acompañara en todo lo que hacia y que desde entonces la sentía presente a su lado. Esto lo vemos en ciertos santos que han sido grandes amigos de la Virgen.

Pero hay que cuidarse mucho de no materializar demasiado esta presencia o de imaginarla en un plano sensible. Cuanto más se hace sensible la Virgen a alguien, menos deja sentir su presencia. Es esa una de las leyes fundamentales de la vida Mariana, aunque utilicemos expresiones como sentir, experimentar o percibir su presencia. Esta ley podría enunciarse así: cuanto más entra María en la vida de un creyente y ocupa un puesto importante en su oración y en su actividad, más es un "cero" para la experiencia sensible. Ciertos días, quienes tienen esa experiencia se preguntan incluso si todavía "aman" a la Virgen, sobre todo si han sentido intensamente su presencia al principio de su conversión espiritual, lo que ocurre a muchos de ellos.

La razón de esta ausencia sensible estriba en la naturaleza misma de María y de su acción. Ante todo ella se eclipsa para dejar todo el puesto a su Hijo. Por eso los que han decidido consagrarse por entero a María en su oración, su ser y su actividad no tienen que temer en absoluto que vayan a quitarle algo a Dios, pues lo propio de María es eclipsarse para dejar que Dios sea Dios en nosotros. «Cuando tú llamas "María", ella responde "Dios"», dice Griñón de Monfort. Ella es una presencia diáfana y traslúcida.

Con todo, surge una cuestión. Puesto que esa presencia intensa es imperceptible para los sentidos, es preciso tener de una manera o de otra una cierta conciencia de ella; de lo contrario se reduce a una visión del espíritu o a palabras. Creo que, en realidad, la percepción tiene lugar en un nivel distinto de la adhesión sensible; es también más activo, pues afecta a nuestra actividad de oración. Cuando María se instala en la mansión de un creyente, este le reza cada vez más, o incluso experimenta que María reza siempre por él. Ocurre como con la presencia del Espíritu en nosotros; se le percibe sobre todo en su oración y sus gemidos inefables. Es lo que pasa también con María, que tiene una gran afinidad con el Espíritu Santo, como dice Griñón de Monfort: "Cuando el Espíritu Santo encuentra a María en un alma, acude a ella y allí vuela". Experimentamos nuestro amor y nuestra adhesión a María en el hecho de que la rezamos cada vez más.

Pero esta oración no tiene nada que ver con efusiones sensibles; apenas osa uno decirle a María que la ama, pues lo siente tan poco; pero, como los niños pequeños hacen una señal a su mamá para llamarla en su socorro, así se le lanzan llamadas frecuentes y reiteradas en la recitación del rosario. Volveremos con mucha frecuencia sobre esta oración a María en el curso de nuestra meditación; pero ya desde ahora afirmamos que es el atajo para unirnos a María y llamarla en ayuda nuestra, como ella hubo de rezar en el cenáculo cuando pedía a Jesús que enviara al Espíritu Santo. Vista desde fuera, esta oración puede parecer sin sentido y puramente mecánica, y así lo es a menudo para el que la practica, incluso con la mejor voluntad; pero es al mismo tiempo la oración de los pobres y de los pequeños; y es sabido que es grata a la Virgen, pues utiliza las palabras mismas de Dios para saludarla y proclamar su santidad. Muchas veces no se piensa en lo que se dice, porque la gran volubilidad de nuestra mente nos distrae, sin embargo, uno se siente contento de haber pasado media hora con la Virgen, lo mismo que se proporciona alegría a un enfermo visitándole. Hay más. Al acabar un rosario, sobre todo si se reza completo, no se es ya el mismo; algo ha cambiado en nosotros. Somos más pobres, más pequeños, más anonadados; y, por tanto, estamos más cerca de la capitulación definitiva ante el amor de Dios, que se instala en nuestro corazón.


Fragmento extraído de: "Día y Noche" de Jean Lafrance
http://usuarios.multimania.es/contemplatio/con-lafrance.htm

jueves, 31 de diciembre de 2009

ORACIÓN DE NOCHEVIEJA




Señor, ha pasado un año, con su cortejo de actividades, de trabajos, de idas y venidas. Te lo ofrecemos tal como lo hemos vivido y como Tú lo has visto. Míralo con amor y archívalo en los pliegues de tu misericordia.


Te damos gracias, Señor, por los beneficios que hemos recibido a lo largo de este año. Gracias por las noches tranquilas y por las horas inquietas. Gracias por la salud y la enfermedad. Gracias por la sonrisa amable y por la mano amiga...


Queremos confiarte ahora nuestros deseos de gozo y de paz para el año nuevo que va a comenzar. Señor, bendícenos y concédenos caminar por sendas de paz y de justicia.
También queremos pedirte, Señor, por todos los que han muerto y han ido a tu encuentro en este año que termina, por los que se sienten solos y vacíos en medio del ruido y de las luces de esta Nochevieja, por los enfermos y moribundos, y por todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu...


Haz que todos seamos iluminados con tu Verdad y fortalecidos con tu Vida, y que sepamos descubrir, en lo efímero del tiempo, la esperanza gozosa de tu Eternidad. Amén.



viernes, 18 de diciembre de 2009

Iconos de María




Por Angel Moreno.


MARÍA, LA MUJER
María es la artesanía de la Trinidad.
María es la obra maestra del Creador.
María es reflejo de la mirada divina.
María es la siempre desposada con el Amor.
María es regalo del cielo.
María es el jardín de Dios.
María es la fuente del centro del jardín.

MARÍA, LA NUEVA EVA
María es la más bella de las mujeres.
María nos ofrece el fruto bendito de su seno.
María teje la túnica de bodas que nos permite entrar al banquete del Reino.
María nos invita a hacer la voluntad de Dios, lo que nos diga Jesús.
María es la corredentora con Cristo, el Nuevo Adán.
María ha sido proclamada madre de todos los hombres.
María mantiene la entrañable presencia en la casa de Dios.

MARÍA, LA ZARA ARDIENTE
María revela el poder de Dios.
María es fuego del Espíritu Santo.
María es luz incombustible.
María es la mujer divinizada.
María la mujer sin pecado.
María es privilegio divino.
María es la intacta.

MARÍA, LA NUEVA ARCA DE LA ALIANZA
En María se guarda la presencia del Verbo hecho carne.
María es el recinto amoroso donde Dios se encarna.
María es revelación de la voluntad divina.
María es signo de bendición.
María es arca de flor de harina.
María es arca del Pan Santo.
María es el arca del tesoro.

MARÍA, LA AMADA DE DIOS
María ha sido la escogida entre todas las mujeres para ser la Madre de Dios.
María es la llenada de gracia.
María es la predilecta del Señor.
María es la bendita.
María es la sellada y cercada, la exenta.
María es la viña fecunda, hermosa y fiel.
María es la paloma escondida en la palma de Dios.

MARÍA, LA MUJER FUERTE
María es la virgen madre.
María es la sierva y servidora.
María afronta el misterio confiada y en silencio.
María es la itinerante por los caminos de esperanza.
María permaneció de pie en la hora de la prueba.
María siempre esperó.
María reunió junto a sí a todos los discípulos de Jesús.

MARÍA, LA MUJER DE FE
María es proclamada dichosa por su fe.
María por su fe se arriesga y confía.
María por su fe concibe y da a luz la Palabra.
María por su fe acoge, calla y medita lo que no comprende.
María por su fe aguarda la resurrección de su Hijo.
María por fe empuja a su Hijo a la Hora de Dios.
María por su fe se convierte en la madre de todos los creyentes.


domingo, 3 de mayo de 2009

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


Necesito tus manos
para seguir bendiciendo;
necesito tus labios
para seguir hablando;
necesito tu cuerpo
para seguir sufriendo;
necesito tu corazón
para seguir amando.
Te necesito para seguir
salvando a los hombres,
mis hermanos.






ORACION
Señor, Jesucristo, Maestro y Señor de nuestra vida,
mira con amor a tu Iglesia.
Tú que siempre la has amado y nunca la dejarás de amar,
tenemos la osadía de pedir por ella el don de las vocaciones:
Escoge hombres y mujeres que descubran y vivan Tu amor.
Haz que se sientan llamados,
por un don que nunca agradecerán del todo,
a entregar su vida por Ti y por los hermanos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 20 de marzo de 2009

El hombre del Espíritu


San Serafín de Sarov orando en el bosque


Nunca me cansaré de recomendar la maravillosa página de los monjes argentinos del Monasterio Católico Bizantino de la Transfiguracion de Cristo, pues hacen una labor preciosa y discreta de traducción de textos maravillosos de la tradición oriental. Hace unos días

El verdadero fin de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo de Dios
.

...En cuanto a la oración, el ayuno, las vigilias, la limosna y toda otra buena acción hecha en nombre de Cristo, son solo medios para adquirirlo... Es cierto que toda buena acción hecha en nombre de Cristo confiere la gracia del Espíritu Santo, pero la oración lo hace más que toda otra cosa, estando siempre a nuestra disposición. Podrías, por ejemplo, tener deseo de ir a la iglesia, pero la iglesia está lejos o bien han finalizado la liturgia; podrías tener deseo de dar limosna, pero no encuentras ningún pobre o bien no tienes dinero en el bolsillo ... quizás desearías encontrar alguna otra buena acción para hacer en nombre de Cristo, pero no tienes suficiente fuerza, o bien no se te presenta la ocasión. Nada de todo esto, en cambio, pertenece a la oración: todos tienen siempre la posibilidad de rezar, el rico como el pobre, el noble como cualquier persona, el fuerte como el débil, el sano como el enfermo, el virtuoso como el pecador.

...El santo no es un superhombre, sino uno que ha descubierto y vive su verdad de ser litúrgico. La más bella definición del hombre proviene del culto litúrgico: el ser humano es el hombre del Trisagio y del Santo: “Cantaré a Dios mientras viva”... No basta tener la oración, es necesario hacerse oración, ser oración, oración encarnada. No basta tener momentos de alabanza: necesitas que toda la vida, cada acto, cada gesto, hasta la sonrisa del rostro humano, se vuelva canto de adoración, ofrenda, oración. Ofrecer no tanto lo que se tiene como lo que se es... El hombre es verdaderamente carismático por corresponder a su vocación de ser litúrgico. Lleva en sí los dones del Espíritu, mejor dicho, el Espíritu mismo: “Habéis recibido el sello del Espíritu Santo ... vosotros, a los que Dios ha adquirido, para alabanza de su gloria” (Ef. 1, 13-14).


Podeis leer el resto del artículo en su página http://oriente-cristiano.blogspot.com/2009/03/el-espiritu-ora-en-nosotros-oracion-del.html


Y este texto explica el porque le tiene tanta inquina el mundo a Benedicto XVI y porque le atacan tanto en su viaje a África; el Santo Padre alaba a Dios con toda su inteligencia y con todo su cuerpo gastado de 82 años. Y esto es un escandalo, un vomitivo necesario para el hombre de la carne en su camino hacia el hombre del Espiritu. Gracias, Santo Padre, por hacer vomitar a tantos hombres y mujeres, por limpiarlos con su martirio de Pastor ante los lobos y conducirnos hacia los pastos de Cristo.





jueves, 4 de diciembre de 2008

Los salmos en power point



Antonio García Polo - Diócesis de Almería.

Por fin veo cumplido un deseo, desde hace tiempo soñado: elaborar 150 presentaciones (PPS) con los salmos de la Biblia, utilizando la traducción oficial de la Liturgia de las Horas.

“Orar con los Salmos”, es mi pequeña colaboración para compartir, en medio de tanta y tan cargada información de internet, un espacio para la escucha, la alabanza y la plegaria.

En los salmos están grabadas las experiencias de fe del pueblo de Dios, del mismo Jesucristo, de toda la Iglesia, que aclaman, cantan, agradecen, suplican, buscan y anhelan la fidelidad al Señor y el encuentro con Él. Experiencias que son también las nuestras porque somos “pueblo” y rebaño” del único Dios. (Sal. 99, v. 3)

La fuerza está en la Palabra; deseo que la imagen la acompañe y arrope para que facilite “orar con los salmos”.

Los "Salmos"

Es el Libro más largo de la Biblia, con 150 capítulos, ¡150 poesías para ser cantadas!; y están localizados en el centro de la Biblia.

En principio se llamaba "Libro de las Alabanzas". Se llama también "Salterio", porque era el instrumento más usado para cantarlos en comunidad.

Es el Libro más usado de la Biblia en los últimos 3.000 años, por judíos y cristianos de todas denominaciones.

Era el "libro de himnos oficial" en el Templo y Sinagoga, y lo sigue siendo ahora también en la cristiandad, en el Oficio Divino, la Santa Misa.

El mismo Dios inspiró los sentimientos que sus hijos deben tener respecto a El, y las palabras que deben usar para dirigirse a El.

Son las oraciones que rezaban y cantaban Jesús y María individualmente, en familia y en comunidad.

Y es bello recordar, cuando rezo un Salmo, que me uno a la sinfonía universal del Pueblo de Dios, ¡a los mejores amigos del Señor!

"Protagonistas" de los Salmos

Son dos: "Dios", y el "hombre o mujer".

"Dios“

Es el "todo" para el salmista, que está sediento de divinidad. Es el todo en todo y para todos... un Dios asequible, a mano, personal, amigo, que cuida y ayuda y sana y salva y protege y acaricia... que castiga con omnipotencia al enemigo... y, sobre todo, ¡que perdona!, más de 200 veces se repita la palabra "misericordia".

El "hombre" o la "mujer“

¡Confía en Dios! en todas las ocasiones... en el sufrimiento, enfermedad o derrota, confía en Dios y le suplica, ¡y ya le da gracias de antemano y lo alaba, por la ayuda que está seguro de obtener!... en la victoria, alaba con gozo... en el pecado, pide misericordia, ¡y da gracias por el perdón que el Señor le va a regalar!

Cualquier ocasión sirve al salmista para repetir que Dios es bueno y justo y misericordioso y grande y maravilloso, y protector y sanador y salvador... esta "fe divina inconmovible" es el meollo de cada salmo, ¡la actitud opuesta al ateo!.

Cómo leer los Salmos

¡Rezándolos! No están hechos para aprender, ¡sino para rezar!, para escuchar a Dios, y contestarle. Cuando nosotros oramos, hablamos a Dios; cuando rezamos los Salmos, escuchamos a Dios y todos necesitamos más escuchar que hablar.

Cada Salmo habla de Cristo y su Iglesia, como dice Luc. 24, 44. Si al orar un salmo no has encontrado a Cristo, ¡vuélvelo a rezar!, porque te has perdido lo mejor.

Cuando un salmo habla del "justo", Jesús es el justo por excelencia; cuando hablan del "pecador", Cristo es el Cordero de Dios que cargó con todos los pecados del mundo; cuando el salmista "suplica gritando", o hace súplicas con poderosos clamores y lágrimas, es el mismo Jesús de Heb. 5, 7; y el mismo Cristo es el "alabador por antonomasia", que constantemente alaba y da gracias al Padre.


Extraido de Diocesis de Almería:

http://www.diocesisalmeria.es/index.php?option=com_content&view=article&id=109:orar-con-los-salmos&catid=64:otros-materiales&Itemid=102


Fuente de la noticia:

http://www.ciudadredonda.org/subsecc_ma_d.php?sscd=221&scd=3&id=2097

lunes, 25 de agosto de 2008

"Semillas" de Benedicto XVI (88)

Esta fuerza, la gracia del Espíritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos sólo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia. Ésta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acción, comunión con el Espíritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jesús y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Espíritu, Jesús está siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a Él para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir «la fuerza que proviene de lo alto», una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo.

Benedicto XVI. SYDNEY, domingo, 20 julio 20008. Homilía durante la celebración eucarística con motivo de la clausura de la Jornada Mundial de la Juventud en el hipódromo de Randwick.

[Traducción de "Radio Vaticano" © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

martes, 5 de agosto de 2008

Cartas de María Gracia (11)


El Niño Jesús no quiso comer mis migas de pan

Después de ver publicado el artículo de la semana pasada con toda la retahíla de físicos, científicos y filósofos desde la Ilustración hasta nuestros días (y elegí la Ilustración adrede para desmarcarme de la época de las tinieblas y la superchería), me queda el malsano regusto de la pedantería. No soy teóloga, eso ya lo he dicho y tampoco una maestra en filosofía, sino simplemente una persona inquieta a la que le gusta leer, entender, mirar (con los ojos y con el corazón), pero también racionalizar las cosas. Buscar el fundamento. Vamos, que no creo a pie juntillas porque sí. Por eso recurrí a la ayuda de toda esa pléyade de hombres ilustres que han contribuido con sus conocimientos a alcanzar el progreso material que hoy disfruta Occidente. Necesitaba de ellos como punto de apoyo de un imaginario salto de pértiga, porque venía de hablar del poder de la oración a María [¿os acordáis de la oración?] para continuar hablando de los efectos beneficiosos del rezo a Jesús, sobre los demás y sobre nosotros mismos ¡porque si la Madre tiene poder, qué no tendrá su Hijo!

Fue Jesús quien dijo: ‘Pedid y se os dará. Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá’. Las frases son claras, pero a la vez misteriosas, porque resulta evidente que no todo lo que le pedimos nos es concedido. De hecho, desde hace dos mil años los cristianos intentamos extraer a la luz el significado último de las frases. No iré más allá de lo que han dicho los sabios, sino que me limito a explicar mi experiencia y debo decir que en el camino de la vida las vivencias te van abriendo los ojos y te van confirmando las creencias que tienes arraigadas en el corazón. Por la fe sabemos que no se trata de ninguna superstición. Fe ¡cuántas veces usamos esta palabra! La fe es un don de Dios, sí, pero que no te la da del todo y a la vez para que disfrutes de ella como al que le toca el Gordo de la Navidad. No, no. La fe es una semilla que crece en el interior con una condición: que la alimentes. El alimento es la oración.

Recuerdo que de niña al volver embelesada del cine tras ver la película de Marcelino pan y vino, le dí al Niño Jesús que teníamos en casa unas migas de pan tierno para que las comiera. Le recé para ver si se repetía el ‘milagro’ que había visto en el cine, pero el milagro no se repitió. Pensé que a lo mejor era mi presencia la que estorbaba y me fui a la habitación de al lado para que el Niño pudiera probar las migas sin observadores impertinentes, pero al volver mi decepción fue mayor: ¡las migas habían caído al suelo! Era evidente que no tenía la mínima intención de probar mi ofrenda. De nada habían servido mis padrenuestros.

Pues eso les ocurre a muchas personas. Le piden a Jesús una cosa y como no les da lo que le han pedido, se decepcionan y acaban dándole la espalda. Su fe es tan infantil como era la mía cuando le dí al Niño esas migas. Se han hecho adultos, pero no han madurado interiormente su fe.

Me he quedado sin espacio y casi no he dicho nada sobre el poder de la oración a Jesús. En la próxima carta afinaré el lápiz.

MARIA GRACIA

martes, 29 de julio de 2008

Cartas de María Gracia (10)


¿De verdad que eres más listo que los padres de la ciencia contemporánea?

Soy muy consciente de que este artículo rompe radicalmente con el anterior, pero la ruptura es expresa. La semana pasada invitaba a la oración a María como una fórmula eficaz para sobreponerse a las fatigas del día a día, al dar un sentido espiritual a las pequeñas cosas, especialmente a las antipáticas. Se consigue que dejen de serlo [las antipáticas].

La fe es un don recibido y por lo tanto que se escapa de la propia razón.

Precisamente una de las principales características que han tenido los grandes pensadores cristianos a lo largo de la historia ha sido la de racionalizar la Fe, conscientes eso sí de que la razón tiene un límite que no puede rebasar. Ya he citado que los padres de la Iglesia asumieron la cultura griega. En realidad, rescataron del olvido la filosofía de Sócrates, Platón, pero especialmente la de Aristóteles. San Agustín en el siglo IV y ochocientos años después Santo Tomás de Aquino, son los auténticos constructores de la racionalización de la teología cristiana, teniendo como base a los filósofos griegos, por eso el cristianismo y la cultura occidental van íntimamente unidos. Pero en este artículo “esquemático” no puedo centrarme en ese remoto pasado, sino saltar en el tiempo para hablar de los grandes pensadores, matemáticos y científicos que ha tenido la Humanidad desde la Ilustración para darnos cuenta de que el común denominador de los más importantes ha sido no sólo el convencimiento en la existencia de Dios, sino la fe en Cristo.

Antes de continuar una advertencia: No quiero ser pedante. Lo que escribo simplemente lo he rebuscado en los libros, no me he fiado de mi memoria de pez. Dicho está y continúo: Isaac Newton, el fundador de la física teórica, el hombre que demostró que las leyes físicas de la tierra tienen validez en todo el universo, entendía que “la maravillosa organización y armonía del universo sólo puede haberse realizado de acuerdo con el plan de un ser todopoderoso. Este es mi conocimiento último y supremo”. Los racionalistas (la razón es la única fuente segura del conocimiento) lo tenían muy claro: Descartes, que fundó la filosofía moderna, consideraba que la existencia de Dios era tan evidente como que el que piensa es un ser pensante: “la idea de un ser perfecto no puede venir de algo imperfecto”. El heterodoxo Spinoza, decía que “Dios es la causa interna de todo lo que ocurre”. Locke, el primer pensador que habló de la división de los tres poderes, opinaba que el reconocimiento de los hombres de la existencia de Dios emana de la razón humana. Kant, el padre espiritual de la ONU, argumenta que la propia existencia de una ley moral universal es la mejor prueba de que Dios está detrás de todas las cosas. Hegel, razonaba que en la historia lo sensato es lo que sobrevive. Lo correcto, permanece. La existencia de la Iglesia milenaria confirmaría el razonamiento de Hegel. Me quedo sin espacio: los grandes músicos Bach y Haendel, compusieron sus obras inmortales en honor a Dios. Einstein, que como buen judío no era católico, decía que no se puede entender el mundo sin una voluntad primera, y acabo expresamente con Marconi
, el inventor del teléfono: “Creo en el poder de la oración, y no sólo como católico creyente, sino también como científico”. Esto no ha hecho más que empezar.

¿Así que todos estos pensadores, matemáticos, físicos o inventores, auténticos fundadores de la ciencia contemporánea estaban equivocados? ¿De verdad que nosotros somos más listos que ellos?

Tras este paréntesis en forma de artículo volveré con el tema de la semana anterior: el poder de la oración.

MARIA GRACIA

martes, 22 de julio de 2008

Cartas de María Gracia (9)


La Virgen te escucha, sólo tienes que dar(le)

A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

Así acaba la oración de ‘Bendita sea tu pureza’, y así quiero empezar este artículo. ‘Si me sigues, la próxima semana intentaré convencerte de que si le hablas, Ella te escucha’, escribí. Probablemente el reto sea superior a mi capacidad comunicativa, pero no pretendo otra cosa que remover la conciencia dormida de los católicos. Sacsejar-la. Hay que despertar.

— ¡A ver con qué cuento nos va a salir esta chiflada!, probablemente pensará el descreído que haya leído con curiosidad o desdén, no sé, pero desde la fría distancia que separa al creyente del que no lo es. Es como si entre ambos existiera no una ventana sino una pared de cristal con doble aislante que nos impide oír el palpitar del corazón. Hablamos y no nos entendemos, como si usáramos otra lengua. ¿Qué podríamos hacer para romper esta cámara que nos aísla, que no permite oírnos? Se me ocurre un ejercicio y por eso he empezado con el ‘Bendita sea tu pureza’: lee la oración completa con la que he iniciado el artículo. Léela hasta aprenderla. Seguro que la conoces, ¿o la habías olvidado?, y si no la conoces el esfuerzo tampoco es titánico. Las oraciones a María tienen un poder seductor y sedante. Son simples, pero tranquilizan el ánimo, son como una caricia que te acuna, transmiten paz.

Recuérdala cada día al levantarte. Ofrécele todo lo bueno del día que empieza y cuando te venga la fatiga (del cuerpo y del alma), haz lo que tengas que hacer en su nombre. Verás como el peso de la carga se aligera. Las heridas duelen menos. La pereza se convierte en diligencia. ‘Entre los pucheros anda el Señor’, decía Santa Teresa, ¡Y la Virgen! ¿Recuerdas un spot de televisión en el que unos operarios de Balay hacen la vida más cómoda a quien tiene estos electrodomésticos? Pues lo mismo. Verás como todo se lleva mejor. Ella te escucha, pero eres tú quien tienes que hablarle desde el corazón. Si lo haces, Ella te responderá desde ese mismo corazón. En realidad te dará más, y verás cómo lo que tú acabes teniendo, será en realidad lo que hayas sido capaz de dar(le).

Este es mi consejo, hacerlo es cosa tuya [Al releer lo escrito me doy cuenta de que pido casi un imposible: al no creyente que rece. Atrévete a hacerlo. No te dé vergüenza. La cosa quedará entre tú y ella].

Seguro que los descreídos que hayan llegado hasta aquí, pensarán algo así como ‘¿de dónde ha salido esta loca?’. Pues bien, para ellos irá especialmente dedicado el próximo artículo de esta ‘loca’: ¿Qué es eso de que la fe es cosa de crédulos, ignorantes o supersticiosos? Os quiero hablar de Newton y Descartes, de Kant y Hegel, de Einstein y Marconi, o de la sensibilidad para la música de Bach y de Handel. ¿Todos ellos eran crédulos, ignorantes o supersticiosos? Eso ya lo veremos... Y después volveré al poder de la oración, porque si María es capaz de estas cosas, ¿qué no podrá hacer su Hijo?

MARÍA GRACIA

viernes, 18 de julio de 2008

Oración con el Poder de la Sangre de Cristo


Señor Jesús, en Tu Nombre, y con el poder de Tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.

Con el poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envies a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Angeles.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos, y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas). Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar. Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.

Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.