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martes, 26 de agosto de 2008

Cartas de María Gracia (14)


El ejército de Hitler llevaba grabado el lema: ‘Dios con nosotros

Criticaba en la carta anterior a quienes usan el nombre de Dios, a través de su tercera persona: el Espíritu Santo, para conseguir algo material, y esa crítica me ha llevado a un tema muy de fondo y que está enunciado en el segundo mandamiento: No tomarás el nombre de Dios en vano. Creo que allí está una (no la única) de las causas de la extensión de la cultura agnóstica que dicta hoy su Ley. No creo exagerar si afirmo que no existe en el diccionario ninguna palabra que se haya abusado tanto como de la palabra Dios. Si será así que hasta el ejército alemán en la época de Hitler, llevaba en sus cinturones grabado el lema de ‘Dios con nosotros’. Aquel régimen era perverso. Era la encarnación perfecta del mal. ¡Pues hasta el mal usaba el nombre de Dios! Para que veáis hasta qué punto se ha abusado de su nombre. No es casualidad que el segundo mandamiento nos lo recuerde. La cosa viene desde los tiempos de Moisés ¡y es que el hombre no tiene remedio!

No sé vosotros, pero en mi vida así ha sido: la mayoría de las personas que critican a la Iglesia y a sus ministros, y ojo que son buenas personas, lo son porque a lo largo de su vida han tenido alguna experiencia negativa con sacerdotes o con católicos practicantes de misa diaria, que hacían lo contrario de lo que predicaban o decían... Si, ya sé que hay garbanzos negros en todos los potajes, que es una minoría, lo que queráis decirme... pero tenemos un ‘pequeño’ problema: el escándalo es cridaner, mientras que la virtud es silenciosa. El uno canta, el otro es mudo.

Como esto es así, la exigencia que tenemos es mayor: la responsabilidad del cristiano es doble que la de quien no lo es. Primero, porque creer te obliga a cumplir los principios de la Ley, y segundo, porque al serlo, y si lo eres no te lo has de guardar para sí, te conviertes en espejo de ese comportamiento. Si haces lo contrario de lo que dices, no solamente no estás cumpliendo con tu obligación, sino que estás hiriendo a todos los cristianos, y muy especialmente a aquellos que cumplen fielmente con lo que creen.

¿Quién ha dicho que ser buen cristiano es fácil? No lo es, pero tiene su recompensa... ¡también en este mundo! ¿Sabes lo que es la paz interior?, ¿sabes lo que es vivir intensamente con alegría? Pues esos son los carismas que Jesús da gratuitamente a todos los que le siguen... Y de estos carismas os hablaré, pero antes debo acabar con lo que he empezado pero no he acabado en este artículo: una parte de la responsabilidad de que haya tanto descreído en este mundo de Dios son los comportamientos erráticos de algunos de sus ministros. ¿Y eso cómo se entiende?

Trataré de hacerlo en la próxima.

MARIA GRACIA

viernes, 6 de junio de 2008

Letanías de Juan Pablo II (6)


Corazón de Jesús: Horno Ardiente de Caridad

Ángelus, 23 de junio de 1985


Queridos hermanos y hermanas:

1. Durante la oración del Ángelus deseamos dirigir, juntamente con la Madre de Dios, nuestros corazones hacia el Corazón de su Hijo Divino. Nos hablan profundamente las invocaciones de estas espléndidas letanías, que rezamos o cantamos sobre todo en el mes de junio. Que la Madre nos ayude a entender mejor los misterios del Corazón de su Hijo.

2. "Horno Ardiente de caridad". El horno arde. Al arder, quema todo lo material, sea leña u otra sustancia fácilmente combustible. El Corazón de Jesús, el Corazón humano de Jesús, quema con el amor que lo colma. Y este es el amor al Eterno Padre y el amor a los hombres; a las hijas y los hijos adoptivos. El horno, quemando, poco a poco se apaga. El Corazón de Jesús, en cambio, es horno inextinguible. En esto se parece a la "zarza ardiente" del libro del Éxodo, en la que Dios se reveló a Moisés. Era una zarza que ardía con el fuego, pero... "no se consumía" (Ex 3,2).

El amor que arde en el Corazón de Jesús es sobre todo el Espíritu Santo, en el que Dios-Hijo se une eternamente al Padre. El Corazón de Jesús, el Corazón humano del Dios-Hombre, está abrazado por la "llama viva" del Amor Trinitario, que jamás se extingue.

3. Corazón de Jesús, Horno Ardiente de Caridad. El horno, mientras arde, ilumina las tinieblas de la noche y calienta los cuerpos de los viandantes ateridos. Hoy queremos rogar a la Madre del Verbo Eterno, para que en el horizonte de la vida de cada uno de nosotros no cese nunca de arder el Corazón de Jesús, "Horno Ardiente de caridad". Para que Él nos revele el Amor que no se extingue ni se deteriora jamás, el Amor que es eterno. Para que ilumine las tinieblas de la noche terrena y caliente los corazones.

4. Dándole las gracias por el único amor capaz de transformar el mundo y la vida humana, nos dirigimos con la Virgen Inmaculada, en el momento de la Anunciación, al Corazón Divino que no cesa de ser "Horno Ardiente de Caridad". Ardiente: como la "zarza" que Moisés vio al pie del monte Horeb.