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miércoles, 15 de junio de 2011

El secreto de María. Reedición_2.(30)


EL SECRETO DE MARÍA (XXX)

¿Pensabas que habíamos acabado? El Secreto de María, sí, pero no el mes. Luego hemos pensado llenos los dos días que nos quedan de agosto con dos textos relacionados con el Secreto de María. Uno es un discurso del Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II a propósito de la espiritualidad monfortiana. El otro, que leeremos mañana, es una breve hagiografía de San Luis Grignon de Monfort.

Deseamos que estos apéndices y el libro todo que os hemos presentado durante estos 31 días os sirvan en vuestra vida para acercarse más a Jesús; para que por María, Jesús cambie vuestra agua en vino, vuestra tristeza en fiesta, también en vacaciones.

CARTA DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II
A LA FAMILIA MONFORTANA

A los religiosos y a las religiosas de la familia monfortana

Un texto clásico de la espiritualidad Maríana


1. Hace ciento sesenta años se publicaba una obra destinada a convertirse en un clásico de la espiritualidad Maríana. San Luis María Grignion de Montfort compuso el Tratado de la verdadera devoción a la santísima Virgen a comienzos del año 1700, pero el manuscrito permaneció prácticamente desconocido durante más de un siglo. Finalmente, en 1824 fue descubierto casi por casualidad, y en 1843, cuando se publicó, tuvo un éxito inmediato, revelándose como una obra de extraordinaria eficacia en la difusión de la "Verdadera Devoción" a la Virgen Santísima. A mí personalmente, en los años de mi juventud, me ayudó mucho la lectura de este libro, en el que "encontré la respuesta a mis dudas", debidas al temor de que el culto a María, "si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo" (
Don y misterio). Bajo la guía sabia de San Luis María comprendí que, si se vive el misterio de María en Cristo, ese peligro no existe. En efecto, el pensamiento mariológico de este santo "está basado en el misterio trinitario y en la verdad de la encarnación del Verbo de Dios" (ib.)…


…Como es sabido, en mi escudo episcopal, que es ilustración simbólica del texto evangélico recién citado, el lema Totus tuus se inspira en la doctrina de San Luis María Grignion de Montfort (
Don y misterio; Rosarium Virginis Maríae, 15). Estas dos palabras expresan la pertenencia total a Jesús por medio de María: "Tuus totus ego sum, et omnia mea, tua sunt", escribe San Luis María; y traduce: "Soy todo vuestro, y todo lo que tengo os pertenece, ¡oh mi amable Jesús!, por María vuestra Santísima Madre" (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, 233).

La doctrina de este santo ha ejercido un profundo influjo en la devoción Maríana de muchos fieles y también en mi vida.


"Ad Iesum per Maríam"


2.
San Luis María propone con singular eficacia la contemplación amorosa del misterio de la Encarnación. La verdadera devoción Maríana es Cristocéntrica. En efecto, como recordó el Concilio Vaticano II, "la Iglesia, meditando sobre ella (María) con amor y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de veneración, penetra más íntimamente en el misterio supremo de la Encarnación" (Lumen gentium, 65).

El amor a Dios mediante la unión con Jesucristo es la finalidad de toda devoción auténtica, porque -como escribe san Luis María- Cristo "es el único Maestro que debe enseñarnos, es nuestro único Señor de quien debemos depender, nuestro único Jefe a quien debemos pertenecer, nuestro único Modelo al que debemos conformarnos, nuestro único Médico que nos debe sanar, nuestro único Pastor que debe alimentarnos, nuestro único Camino por donde debemos andar, nuestra única Verdad que debemos creer, nuestra única Vida que debe vivificarnos, y nuestro único Todo en todas las cosas que debe bastarnos" (
Tratado de la verdadera devoción, 61).

3. La devoción a la Santísima Virgen es un medio privilegiado "para hallar a Jesucristo perfectamente, para amarle tiernamente y servirle fielmente" (
Tratado de la verdadera devoción, 62). Este deseo central de "amar tiernamente" se dilata enseguida en una ardiente oración a Jesús, pidiendo la gracia de participar en la indecible comunión de amor que existe entre Él y su Madre.

La orientación total de María a Cristo, y en Él a la Santísima Trinidad, se experimenta ante todo en esta observación:

"Porque no pensaréis jamás en María sin que María, por vosotros, piense en Dios; no alabaréis ni honraréis jamás a María, sin que María alabe y honre a Dios. María es toda relativa a Dios, y me atrevo a llamarla la relación de Dios, pues sólo existe con respecto a Él, o el eco de Dios, ya que no dice ni repite otra cosa más que Dios. Si dices María, Ella dice Dios. Santa Isabel alabó a María y la llamó Bienaventurada por haber creído, y María, el eco fiel de Dios, exclamó: Mi alma glorifica al Señor. Lo que en esta ocasión hizo María, lo hace todos los días; cuando la alabamos, la amamos, la honramos o nos damos a Ella, alabamos a Dios, amamos a Dios, honramos a Dios, nos damos a Dios por María y en María" ((Tratado de la verdadera devoción, 226)…


María, miembro eminente del Cuerpo místico y Madre de la Iglesia



…En Cristo, Hijo unigénito, somos realmente hijos del Padre y, al mismo tiempo, hijos de María y de la Iglesia. En el nacimiento virginal de Jesús, renace de algún modo toda la humanidad. A la Madre del Señor "se le pueden aplicar, con más verdad que a San Pablo estas palabras: "¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros" (Ga 4, 19). Yo doy a luz todos los días hijos de Dios, para que Jesucristo, mi Hijo, se forme en ellos en la plenitud de su edad" (
Tratado de la verdadera devoción, 33). Esta doctrina tiene su expresión más bella en la oración: "¡Oh, Espíritu Santo! Dadme mucha devoción a María, vuestra Inmaculada Esposa; que me apoye mucho en su seno maternal y recurra de continuo a su misericordia, para que en Ella forméis dentro de mí a Jesucristo, al natural, grande y poderoso, hasta la plenitud de su edad perfecta. Amén." (El Secreto de María, 67).

Una de las expresiones más altas de la espiritualidad de San Luis María Grignion de Montfort se refiere a la identificación del fiel con María en su amor a Jesús, en su servicio a Jesús. Meditando en el conocido texto de san Ambrosio: "Que el alma de María esté en cada uno para glorificar al Señor; que el espíritu de María esté en cada uno para exultar en Dios" (Expos. in Luc., 12, 26: PL 15, 1561), escribe: "¡Qué dichosa es un alma, cuando... está del todo poseída y gobernada por el espíritu de María, que es un espíritu suave y fuerte, celoso y prudente, humilde e intrépido, puro y fecundo!" (
Tratado de la verdadera devoción, 258).

La identificación mística con María está totalmente orientada a Jesús, como se expresa en la oración: "Por último, mi queridísima y amadísima Madre, haz que, si es posible, no tenga yo otro espíritu que el tuyo para conocer a Jesucristo y sus divinos designios; que no tenga otra alma que la tuya para alabar y glorificar al Señor; que no tenga otro corazón que el tuyo para amar a Dios con caridad pura y ardiente como Tú" (El Secreto de María, 68).

Junto con la Santísima Virgen, con el mismo corazón de madre, la Iglesia ora, espera e intercede por la salvación de todos los hombres. Son las últimas palabras de la constitución Lumen gentium: "Todos los cristianos han de ofrecer insistentes súplicas a la Madre de Dios y Madre de los hombres, para que ella, que estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones, también ahora en el cielo, exaltada sobre todos los bienaventurados y los ángeles, en comunión con todos los santos, interceda ante su Hijo, hasta el momento en que todos los pueblos, los que se honran con el nombre de cristianos, así como los que todavía no conocen a su Salvador, puedan verse felizmente reunidos en paz y concordia en el único pueblo de Dios para gloria de la santísima e indivisible Trinidad" (n. 69).

Haciendo nuevamente mío este deseo, que juntamente con los demás padres conciliares expresé hace casi cuarenta años, envío a toda la familia monfortana una especial bendición apostólica.

Vaticano, 8 de diciembre de 2003, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

1 comentario:

Maria del Rayo dijo...

Lo que más ha caracterizado a los santos es el amor a la Virgen y muestra de ello son estos dos grandes hombres, San Luis y el Beato Juan Pablo II.
Gracias!!