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lunes, 26 de enero de 2009

Las confesiones de San Pablo (28)



LAS CONFESIONES DE SAN PABLO (XXVIII),

por el Cardenal Carlo Maria Martini.



Ruptura de Pablo y Bernabé ¿Con qué consecuencias?


Una consecuencia paradójica, desde el punto de vista del encuentro entre las personas. Pablo que había gozado de la confianza de Bernabé y, gracias a esta confianza, se había salvado y había podido obrar, no logra dar confianza a Bernabé respecto de Marcos.

El sufrimiento de Bernabé es muy doloroso: se siente rechazado tal vez hasta como amigo, no por mala voluntad de Pablo, sino como consecuencia de lo que estaba sucediendo.

Después de este episodio, Bernabé desaparece. Un gigante de la Iglesia primitiva, a un cierto punto, no deja huellas de sí. Pablo lo recuerda todavía como una persona que se conocía y que tenía buena reputación, y otra vez, de manera indirecta que parece reparadora:”Los saluda Aristarco, mi compañero de prisión, y Marcos el primo de Bernabé, de quien recibieron instrucciones; si recurre a ustedes, acójanlo”(Col.4,10). Pablo se ha reconciliado con Marcos y, al mencionarlo como primo de Bernabé, parece querer decir: ”aquel a quien no quise recibir hace tiempos”.

Fuera de estos poquísimos recuerdos, de Bernabé, no sabemos sino ese poco de que nos habla la tradición. Se encerró en Chipre, no hizo grandes viajes misioneros, sino que regresó a su patria y se quedó allí. Toda su enorme capacidad quedó reducida a un estrecho límite.

Un texto sobre San Pablo o muy clásico, aunque de hace algunos años, es el de Holla¡zner: ”El Apóstol Pablo”. El autor reflexiona sobre hechos narrados y dice: ”Mirando las cosas desde un punto de vista humano, tal vez el comportamiento de Bernabé nos podría parecer el más simpático, mientras Pablo debió juzgar con demasiada severidad al joven Marcos. Incluso, ante Bernabé nos puede parecer duro y casi injusto: al menos debía tener para con él agradecimiento por su intervención que lo había sacado de la sombra”. Y más adelante: ”su espíritu tenía que progresar de conocimiento en conocimiento, poco a poco y así su total identificación con Cristo se realizaba gradualmente”. Y cita a otro autor así: ”Pablo no siempre logra hacerse dueño de la tempestuosa palpitación de su corazón; solamente logró granito de su polvo, al que no tenía ninguna unión pecaminosa de naturaleza con Adán”. Luego concluye: ”Es siempre muy doloroso el rompimiento de una antigua y santa amistad, y cuanto más profundo era el vínculo, tanto más se hace dolorosa la separación”. ”Cuántas veces no habrá recordado el tiempo cuando Bernabé era el único que creía en él, mientras todos le tenían desconfianza, especialmente el día inolvidable cuando él había ido a Tarso para buscarlo, y aquella noche cuando en Listra, Bernabé, con el alma llena de angustia se había inclinado sollozando sobre el amigo que creía muerto. No se rompen tales lazos sin que sangre el corazón”.

¿Quién tenía razón? El tiempo le ha dado la razón a Bernabé; pero los acontecimientos se desarrollaron así y, desde un cierto punto, cada uno tuvo que adaptarse a la nueva situación.

Podemos hacer todavía una reflexión y decir qué hubiera sido para la Iglesia primitiva si los dos no se hubieran separado. Tal vez Bernabé hubiera servido de mediador y de moderador y las Iglesias judío-cristianas no hubieran llegado a la ruptura a que llegaron. Es difícil hacer hipótesis sobre lo que no ocurrió. Pero es probable que, más tarde, Pablo haya deplorado varias veces la capacidad mediadora, la afabilidad, el sentido de las proporciones de Bernabé, que en varias ocasiones habría contribuido a aclarar las cosas. Pero el Apóstol tuvo que transitar por este camino, sin tener nada que reprocharse en el fondo, o por lo menos muy poco, porque se había presentado una exasperación sin que nadie comprendiera bien qué estaba sucediendo.

En los años siguientes Pablo aprenderá a convivir con estas dificultades y con estos problemas.



Estas meditaciones están recogidas en el libro “Las confesiones de San Pablo”, editadas por la Editorial San Pablo en su colección Espiritualidad Nueva. Recomendamos vivamente la compra y lectura de este libro, que apenas cuesta 8 €, pues lo que ofrecemos en este blog son extractos del mismo.

2 comentarios:

JORGE dijo...

Yo me pregunto:

¿Qué hubiera sido de la Iglesia si Bernabé no hubiese apoyado a Pablo?

Hoy en día todos reconocemos la autoridad de Pablo, pero en ese entonces el primero (y hasta llegado su momento el único) que creyó en Pablo fue Bernabé.

Pablo intentaba juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo (Hech 9, 26).

Cuando nadie confiaba en él, solo una mano se le tendió, la de Bernabé, quien arriesgandose a perder muchos puntos en la jerarquía de la Iglesia, tomó a Pablo e incluso parece que a la fuerza, lo presentó ante los apóstoles, lo apoyó y lo defendió.

Al parecer todavía no había mucha confianza con Pablo, quien se retiró a Tarso. Y cuando luego a Bernabé lo envían a Antioquía, lo primero que hace es pasar por Tarso a "jalarlo" a Pablo.

Realmente un excelente intrumento del Espíritu Santo.

Gracias y bendiciones.

Ah, y gracias por el comentario en el godcast. Sería un honor que pongas nuestros audios en tu muy bien realizado blog.

RADIOMARIANO dijo...

Realmente es una figura muy poco conocida la de San Pablo, a pesar que lo leemos todos los domingos en las iglesias.

Cuando descubrí este libro del Cardenal Martini descubrí a un Pablo cercano a los problemas que todos tenemos en nuestras comunidades.

Espero que este Año Paulino sirva para encontrar a este Pablo humano instrumento del Espiritu Santo.

Un saludo en Cristo por María.