
Con la temporada de la vendimia se acabaron las vacaciones. María ya le tiene preparado el equipo: un saquito de mano, hecho de pana, para guardar la pizarra los pizarrines y un bocadillo de queso para que lo tome a media mañana, porque el niño está creciendo El maestro, Rabí Isacar Ben Eliezer, sabe mucho y es buen maestro, pero es un pesado como todos los maestros que son buenos y saben mucho, porque a todos les da por encargar deberes para hacer en casa después de la escuela.
Rabí Isacar Ben Eliezer que, además de todo lo que hemos dicho, es muy listo, sabe muy bien que, en la mayor parte de los casos, los niños no hacen solos sus deberes, sino que lo hacen entre el niño, los padres del niño, y, a veces, las tías del niño.
Y Rabí Isacar Ben Eliezer, que es viejo y lleva cuarenta años de maestro en Nazaret, sabe que a sus antiguos alumnos, que son los padres y tías de los actuales alumnos, les va a venir muy bien repasar las lecciones que antes aprendieron, para que no se les olvide... ¡El muy cuco!.
Hoy el niño ya no es el primero en la clase. Le han puesto un cero en religión.
En cuanto llega a casa y deja el saquito con la pizarra y las migas del bocadillo, se lo dice a su madre.
María le toma de las manos y le mira con esa hondura con que le suele mirar cuando el niño deja asomar el misterio.
José, que está en el taller, detrás de la columna, deja de aserrar para oír la respuesta.
- Me preguntó quién creó el cielo y la tierra.
- Y Tú le respondiste que fue Elohim, el Altísimo, quien creó el cielo y la tierra -se adelantó, un poco nerviosa, María.
El Niño, tranquilo y casi sonriendo, dijo con calma:
- Yo le dije que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
María no supo que hacer ni qué decir; le apretó más las manos. A José, que estaba escuchando detrás de la columna, se le cayó la sierra de la mano con el consiguiente estrépito. Por poco le da en un pie.
María, ante esta respuesta, no supo hacer más que una cosa: "La guardó para meditarla luego en su corazón". Ahora nos explicamos por que el Evangelista dice allí que "María observaba muchas cosas y se las guardaba para meditarlas en su corazón".
Tomado del libro: "María, el Carpintero y el Niño", de P. Pedro María Iraolagoitia, S.J., Ediciones Mensajero
http://www.mensajero.com/catalogo.php?q=Iraolagoitia&x=0&y=0
Recomendamos su compra y su lectura completa, pues lo que ofrecemos en este blog son extractos del mismo.



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