
Al día siguiente, el Niño rompió a llorar sin que ellos supieran por qué. No, ellos no sabían, pero el Niño sabía muy bien que entonces mismo, en Belén, la policía de Herodes estaba asesinando a todos los niños pequeñitos.
Otro día más, y salieron de los dominios de Herodes. Llegaron a la ruta de las caravanas, y no tardaron en divisar una caravana de camelleros que venía de Oriente a Egipto trayendo alfombras, damascos y sedas. Se unieron a ellos. Eran gente buena; hicieron sitio a María y al Niño en un camello y cargaron también el saco de José.
Detrás quedaba todo lo que habían tenido hasta entonces; delante, el desierto y un país desconocido. José no sabía cómo se las arreglaría para sacar la familia adelante; María no sabía dónde encontrarían un sitio para vivir; el Niño sabía muchas cosas, pero no las quería decir.
Tomado del libro: "María, el Carpintero y el Niño", de P. Pedro María Iraolagoitia, S.J., Ediciones Mensajero
http://www.mensajero.com/catalogo.php?q=Iraolagoitia&x=0&y=0
Recomendamos su compra y su lectura completa, pues lo que ofrecemos en este blog son extractos del mismo.



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