
Los tres personajes, muy galantes, empezaron sus presentaciones, primero ante María:
–«Melchor de Mesopotamia, para servirla a usted».
–«Gaspar de Arabia, a los pies de usted, Señora».
–«Baltasar de la India, enteramente a su disposición».
María, con su mejor sonrisa, les dijo que encantada. Después, uno por uno, abrazaron orientalmente a José, quien respondió: Lo mismo digo y El gusto es el mío.
Entonces, María misma se adelantó a decirles que se figuraba que venían a ver al Niño, y sacó, con ayuda de José, la cunita al medio de la estancia. Entonces, aquellos señores, que habían atravesado centenares de leguas de desiertos sólo para ver a este Niño, y que estaban en el tremendo secreto de María y José, se vinieron al suelo tocando la tierra con sus frentes en adoración al Dios verdadero.
Tomado del libro: "María, el Carpintero y el Niño", de P. Pedro María Iraolagoitia, S.J., Ediciones Mensajero
http://www.mensajero.com/catalogo.php?q=Iraolagoitia&x=0&y=0
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