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viernes, 12 de septiembre de 2008

Cartas de María Gracia (16)


Paso de Palio de Nuestra Sra. de la Esperanza, frontal del respiradero con las tres virtudes teologales (Orfebrería Maestrante y Miguel Angel Domínguez).

Tres eran tres

Muchas personas se asustarán si les digo que el objeto de este artículo es el de hablar de las virtudes teologales. El solo enunciado asusta. Suena a serio, solemne y más que plomizo, inalcanzable. Filosofía, teología, entelequia, teoría pura... ¡Uf!, Demasiado esfuerzo. ¡Pero no se asusten hombres de Dios que no hay para tanto! Todo es mucho más fácil. Intento aplicar la máxima de hacer las cosas sencillas, no simples. En la sencillez está la verdad. Normalmente cuando el hombre complica las cosas es porque quiere amagar algo. Amagar y amargar sólo se diferencian en la ‘r’ de rana. Lo simple es dulce. La belleza también. Así pues, hablemos de las virtudes teologales sin miedo. Sólo son tres y ellas encierran todo el secreto de nuestra doctrina.

Fe. Ya os he hablado de ella. Tener fe es un regalo de Dios. No es un premio, porque ni has jugado ni lo has merecido. Te ha sido dada. Esta idea ya la he explicado: no se te da toda y de vez, como el premio Gordo de Navidad, sino que es una semilla que a todos los bautizados se nos da gratis, pero que cada uno tiene que ir alimentando para que florezca. La fe no se puede aprender como una fórmula matemática. La fe se siente. El hombre con fe se siente un ser amado por Dios que vive en este mundo no por casualidad, sino porque tenemos un quehacer. Dios nos da la libertad de elección para hacer o no su voluntad. Esa fe es la que lleva a los cristianos a defender la dignidad de las personas como un bien sagrado, porque el ser humano no es sólo un ser vivo, como las plantas o los animales, sino esencialmente un ser querido por el Creador.

Esperanza. A través de la fe, ella va adelante abriendo paso, creemos que si no nos desviamos del camino que nos ha enseñado Jesús llegaremos hasta Él y en su presencia disfrutaremos del reencuentro con quienes nos han precedido. La Esperanza nos hace a los cristianos alegres. Juncos ante la adversidad, porque no hay fuerza en este mundo que pueda doblegar nuestra confianza en el mañana.

Caridad. Parece mentira cómo una palabra de tan profundo contenido haya sido tan maltratada en el último siglo. Caridad no se opone a la Justicia, sino que es la consecuencia de ella. Caridad viene de Cáritas. Y Cáritas es la traducción griega de Amor. Amor a Dios y amor al prójimo. Eso es la Caridad. Y si amas al prójimo tienes que compartir. El cristianismo se extendió de Oriente a Occidente por la gracia del Espíritu Santo y porque no sólo hablaba del Amor (Cáritas), sino que los primitivos cristianos lo practicaban en el seno de sus comunidades. A ningún hermano en la fe le faltaba nada. Y como el amor (el bien) es siempre más fuerte que el mal, el amor se extiende y vence.

En realidad lo que siempre vence es la Verdad.


MARÍA GRACIA

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