
Los culpables que el pueblo devoto se apartara de su Iglesia
Los que tenéis a bien leer estas cartas recordaréis que decía la semana pasada que los malos ministros de Dios son, en buena parte, corresponsables de que el agnosticismo se haya instalado en nuestra sociedad como "Pedro" por su casa. El agnosticismo y el ateísmo. Tanto se ha distorsionado el mensaje de Dios que, entre todos, le han desfigurado su verdadera cara hasta hacerlo irreconocible. La historia está llena de ejemplos. Juan Pablo II de hecho pidió perdón por todos los errores cometidos a lo largo de la historia, este tema merece una reflexión que ya tendrá su día.
Este es un tema que causa profundo desasosiego en el seno de la Iglesia. ¿Cómo es posible que entre los hombres, y las mujeres, que han consagrado su vida al servicio de Dios se den las mismas faltas que en el resto de los mortales? En las comunidades religiosas también hay envidias, rencores, favoritismos, codazos para subir en el escalafón. Igual o parecido que en cualquier otra organización, empresa o partido político. Hay incluso quien entra en el seminario con la idea fija de llegar a ser Obispo ¡y hasta lo consigue! El pecado también existe entre los que se han consagrado a Dios. Y escandaliza más.
Os decía entonces que la virtud es silenciosa, pero que el pecado es ruidoso. No puede ser de otra manera, son la cara y cruz. Pero cuando hablo de los pecados de los ministros de Dios no me refiero a esos casos puntuales y auténticamente vergonzantes de un cura con devaneos homosexuales (los católicos debemos estar curtidos, porque también se critica a la Iglesia cuando defiende que las personas con esas tendencias no pueden ser sacerdotes), o que dejan los hábitos tras enamorarse de una feligresa que además está casada... No, no. No me refiero a estos casos de escándalo, sino a la cotidianidad del día a día en donde los curas no se comportan con la ejemplaridad que exige su santo ministerio al caer en la envidia, el rencor, la mala llet... Si fueran fieles y rectos servidores de sus preceptos morales, estas faltas tendrían que estar superadas. No las tendrían. Pero lo cierto es que las tienen. Son ministros de Dios, pero a veces actúan como si fueran políticos, en el peor sentido de la palabra, salen de la esfera religiosa y entran en la arena mundana con absoluto descaro, sin importarles el daño que puedan hacer a los creyentes no simpatizantes con sus devaneos personales. He hablado de política, pero esto vale para todo... [No cito ningún nombre porque no tengo derecho a juzgar a nadie]. Ocurre que estas personas se han equivocado de ‘profesión’. No dudo que un día creyeron y hasta se ‘enamoraron’ de Jesús, pero su amor no estaba asentado en tierra firme (o en roca), sino en arenas movedizas. Los cimientos ya no están bajo sus pies, pero continúan allí por costumbre, porque ya no saben (o quieren) hacer otra cosa. No tienen donde ir. En el fondo han perdido la fe, si la tuvieran no se comportarían así. Ellos (hoy, ayer y siempre) han sido los principales corresponsables de que el pueblo sano y devoto se alejara de su Iglesia.
Y pido perdón, si a alguno he ofendido.
MARÍA GRACIA



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