Crucificado, sepultado y resucitado de entre los muertos, devuelto a la vida en el Espíritu y sentado a la derecha del Padre, Cristo ha sido constituido nuestro Sumo Sacerdote, que intercede por nosotros eternamente. En la liturgia de la Iglesia, y sobre todo en el sacrificio de la Misa ofrecido en los altares del mundo, Él nos invita, como miembros de su Cuerpo Místico, a compartir su auto-oblación. Él nos llama, como pueblo sacerdotal de la nueva y eterna Alianza, a ofrecer en unión con Él nuestros sacrificios cotidianos para la salvación del mundo.
Benedicto XVI. SYDNEY, sábado, 19 julio 2008.- Homilía en la celebración eucarística de la catedral de Santa María en Sydney en presencia de sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, seminaristas novicios y novicias de la archidiócesis.
[Traducción de "Radio Vaticano" © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Benedicto XVI. SYDNEY, sábado, 19 julio 2008.- Homilía en la celebración eucarística de la catedral de Santa María en Sydney en presencia de sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, seminaristas novicios y novicias de la archidiócesis.
[Traducción de "Radio Vaticano" © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]



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