Los bienes materiales son buenos en sí mismos. No podríamos sobrevivir por mucho tiempo sin dinero, vestidos o vivienda. Para vivir, necesitamos alimento. Pero, si somos codiciosos, si nos negamos a compartir lo que tenemos con los hambrientos y los pobres, convertimos nuestros bienes en una falsa divinidad. En nuestra sociedad materialista, muchas voces nos dicen que la felicidad se consigue poseyendo el mayor número de bienes posible y objetos de lujo. Sin embargo, esto significa transformar los bienes en una falsa divinidad. En vez de dar la vida, traen la muerte.
Benedicto XVI. SYDNEY, viernes, 18 julio 2008. Discurso a los jóvenes de la comunidad de recuperación de la Universidad Notre Dame de Sydney.
[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
Benedicto XVI. SYDNEY, viernes, 18 julio 2008. Discurso a los jóvenes de la comunidad de recuperación de la Universidad Notre Dame de Sydney.
[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]



No hay comentarios.:
Publicar un comentario