Buscan lo mismo que Abraham al salir de su tierra, y de su parentela, en la tierra idolátrica de Ur de los Caldeos; lo mismo que hizo salir de Egipto al pueblo de Israel, donde tenían cebollas y pleno empleo, y caminar por el desierto durante cuarenta años. Buscan el cumplimiento de las promesas, al Hijo en la tierra que mana leche y miel. En definitiva, buscan su identidad profunda de hijos de Dios, perdida por el pecado y recobrada por el sacrificio de Cristo Jesús.
Y paradójicamente, saliendo de si mismos se encuentran a sí mismos, porque: "quien busque su vida la perderá pero quien la pierda por amor mío la encontrará" (Mt. 16, 24).
No son tontos los jóvenes que viajan a Sydney, a las antípodas de sí mismos; son JASP (jóvenes aunque sabios peregrinos) y saben, a Quién van a encontrar!



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