
La Virgen te escucha, sólo tienes que dar(le)
A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
Así acaba la oración de ‘Bendita sea tu pureza’, y así quiero empezar este artículo. ‘Si me sigues, la próxima semana intentaré convencerte de que si le hablas, Ella te escucha’, escribí. Probablemente el reto sea superior a mi capacidad comunicativa, pero no pretendo otra cosa que remover la conciencia dormida de los católicos. Sacsejar-la. Hay que despertar.
— ¡A ver con qué cuento nos va a salir esta chiflada!, probablemente pensará el descreído que haya leído con curiosidad o desdén, no sé, pero desde la fría distancia que separa al creyente del que no lo es. Es como si entre ambos existiera no una ventana sino una pared de cristal con doble aislante que nos impide oír el palpitar del corazón. Hablamos y no nos entendemos, como si usáramos otra lengua. ¿Qué podríamos hacer para romper esta cámara que nos aísla, que no permite oírnos? Se me ocurre un ejercicio y por eso he empezado con el ‘Bendita sea tu pureza’: lee la oración completa con la que he iniciado el artículo. Léela hasta aprenderla. Seguro que la conoces, ¿o la habías olvidado?, y si no la conoces el esfuerzo tampoco es titánico. Las oraciones a María tienen un poder seductor y sedante. Son simples, pero tranquilizan el ánimo, son como una caricia que te acuna, transmiten paz.
Recuérdala cada día al levantarte. Ofrécele todo lo bueno del día que empieza y cuando te venga la fatiga (del cuerpo y del alma), haz lo que tengas que hacer en su nombre. Verás como el peso de la carga se aligera. Las heridas duelen menos. La pereza se convierte en diligencia. ‘Entre los pucheros anda el Señor’, decía Santa Teresa, ¡Y la Virgen! ¿Recuerdas un spot de televisión en el que unos operarios de Balay hacen la vida más cómoda a quien tiene estos electrodomésticos? Pues lo mismo. Verás como todo se lleva mejor. Ella te escucha, pero eres tú quien tienes que hablarle desde el corazón. Si lo haces, Ella te responderá desde ese mismo corazón. En realidad te dará más, y verás cómo lo que tú acabes teniendo, será en realidad lo que hayas sido capaz de dar(le).
Este es mi consejo, hacerlo es cosa tuya [Al releer lo escrito me doy cuenta de que pido casi un imposible: al no creyente que rece. Atrévete a hacerlo. No te dé vergüenza. La cosa quedará entre tú y ella].
Seguro que los descreídos que hayan llegado hasta aquí, pensarán algo así como ‘¿de dónde ha salido esta loca?’. Pues bien, para ellos irá especialmente dedicado el próximo artículo de esta ‘loca’: ¿Qué es eso de que la fe es cosa de crédulos, ignorantes o supersticiosos? Os quiero hablar de Newton y Descartes, de Kant y Hegel, de Einstein y Marconi, o de la sensibilidad para la música de Bach y de Handel. ¿Todos ellos eran crédulos, ignorantes o supersticiosos? Eso ya lo veremos... Y después volveré al poder de la oración, porque si María es capaz de estas cosas, ¿qué no podrá hacer su Hijo?
MARÍA GRACIA
A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
Así acaba la oración de ‘Bendita sea tu pureza’, y así quiero empezar este artículo. ‘Si me sigues, la próxima semana intentaré convencerte de que si le hablas, Ella te escucha’, escribí. Probablemente el reto sea superior a mi capacidad comunicativa, pero no pretendo otra cosa que remover la conciencia dormida de los católicos. Sacsejar-la. Hay que despertar.
— ¡A ver con qué cuento nos va a salir esta chiflada!, probablemente pensará el descreído que haya leído con curiosidad o desdén, no sé, pero desde la fría distancia que separa al creyente del que no lo es. Es como si entre ambos existiera no una ventana sino una pared de cristal con doble aislante que nos impide oír el palpitar del corazón. Hablamos y no nos entendemos, como si usáramos otra lengua. ¿Qué podríamos hacer para romper esta cámara que nos aísla, que no permite oírnos? Se me ocurre un ejercicio y por eso he empezado con el ‘Bendita sea tu pureza’: lee la oración completa con la que he iniciado el artículo. Léela hasta aprenderla. Seguro que la conoces, ¿o la habías olvidado?, y si no la conoces el esfuerzo tampoco es titánico. Las oraciones a María tienen un poder seductor y sedante. Son simples, pero tranquilizan el ánimo, son como una caricia que te acuna, transmiten paz.
Recuérdala cada día al levantarte. Ofrécele todo lo bueno del día que empieza y cuando te venga la fatiga (del cuerpo y del alma), haz lo que tengas que hacer en su nombre. Verás como el peso de la carga se aligera. Las heridas duelen menos. La pereza se convierte en diligencia. ‘Entre los pucheros anda el Señor’, decía Santa Teresa, ¡Y la Virgen! ¿Recuerdas un spot de televisión en el que unos operarios de Balay hacen la vida más cómoda a quien tiene estos electrodomésticos? Pues lo mismo. Verás como todo se lleva mejor. Ella te escucha, pero eres tú quien tienes que hablarle desde el corazón. Si lo haces, Ella te responderá desde ese mismo corazón. En realidad te dará más, y verás cómo lo que tú acabes teniendo, será en realidad lo que hayas sido capaz de dar(le).
Este es mi consejo, hacerlo es cosa tuya [Al releer lo escrito me doy cuenta de que pido casi un imposible: al no creyente que rece. Atrévete a hacerlo. No te dé vergüenza. La cosa quedará entre tú y ella].
Seguro que los descreídos que hayan llegado hasta aquí, pensarán algo así como ‘¿de dónde ha salido esta loca?’. Pues bien, para ellos irá especialmente dedicado el próximo artículo de esta ‘loca’: ¿Qué es eso de que la fe es cosa de crédulos, ignorantes o supersticiosos? Os quiero hablar de Newton y Descartes, de Kant y Hegel, de Einstein y Marconi, o de la sensibilidad para la música de Bach y de Handel. ¿Todos ellos eran crédulos, ignorantes o supersticiosos? Eso ya lo veremos... Y después volveré al poder de la oración, porque si María es capaz de estas cosas, ¿qué no podrá hacer su Hijo?
MARÍA GRACIA



1 comentario:
Por encargo de Fernando, subo su comentario:
No te quejes si no obtienes respuestas pero es que lo haces tan redondo que sólo nos queda, a quienes leemos con avidez tus artículos, el preguntar ¿donde hay que firmar?. ¡¡Mi enhorabuena!!.
Es cierto que el hombre busca como respuesta la "compensación", mientras que Dios busca la "cooperación". Hechos estos que se evidencian entre la postura del pueblo judío, salvo excepciones en los padres y profetas del A.T., y las enseñanzas dadas en el N.T.
¿Quién puede compensar y en que medida los favores y gracias recibidas?. Es imposible.
En cambio, el hombre en su simpleza y finitud, aplicando el principio de compensar para librarse del favor obtenido, lleva al plano de relación con Dios ese mismo comportamiento. Cuando es repetida y notoria la llamada no a la compensación sino a la cooperación: “No quiero sacrificios ni holocaustos, sino misericordia”. Mientras los cristianos no entendamos que el papel a cumplir es el de "cooperante" al Reino del Cielo no entenderemos el llamado a la santidad a que se nos convoca.
Fernando (desde Canarias).
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