
Alegría rima con María ¡y no es casualidad!
Se acuerdan que hace una semana decía por qué creía que la Iglesia Católica es la auténtica Iglesia de Cristo: porque la hicieron los humildes y no los poderosos. En las leyes del mundo quien tiene el poder tiene la fuerza.
¿Alguien puede negar esta evidencia? Es casi una ley física, a no ser que ese poder sea de otra naturaleza, no sea terrenal sino espiritual. Entonces las normas de la física se modifican. Las reglas cambian y no sirven para explicar la realidad de las cosas. Los apóstoles eran doce indoctos e iletrados hombres. Habían dado un paso al frente, pero no tenían dónde caerse muertos (bueno, uno era recaudador, pero la excepción confirma la regla). Con nuestra mentalidad de tanto tienes tanto vales, eran unos miserables. ¿Dónde estaba la fuerza? Su fuerza no era de este mundo. Ellos habían sido los elegidos, ¡y vaya la que liaron! Si tendrá fuerza esta Iglesia que ‘ni los cardenales hemos podido con ella’ , decía con socarronería un cardenal romano cuando oyó decir a Napoleón que iba a exterminar a la Iglesia Católica. Pues bien, si un ‘arma’ secreta para entender este misterio es la permanencia del Espíritu Santo, otra —la palabra adecuada no es ‘arma’ sino gracia—, es la presencia de María.
Juan Pablo II en su primera visita a España en 1982 antes de coger el avión en Santiago de Compostela se despidió de todos con estas palabras: “Hasta siempre, tierra de María”. ¡Qué privilegio!
Fíjense que Jesús siempre es Jesús, en cualquier parte del mundo. Sea un país creyente o no, su imagen representada es la misma. La mayor de las veces es un Jesús doliente en la cruz, otras grave en señal de prédica, pero siempre es el mismo. María, no. María nunca es igual. La Virgen María se adapta a cualquier pueblo, nación o raza. Se hace negra, morena, mestiza o blanca. Cambia todo sin dejar de ser ella misma. Montserrat, Guadalupe o la Pilarica, son la misma virgen. Yo no he encontrado en ningún texto de la Iglesia una norma que disponga esa metamorfosis con la idea de poder llegar mejor al pueblo. Es al revés: es el pueblo quien se la ha hecho suya. Es universal desde lo local.
Jesús antes de morir en el Calvario le dijo a Juan en representación de todos nosotros: ‘ésta es tu madre’ y desde ese momento la madre de Dios es ya madre nuestra. Además de querer, ¿qué es lo mejor que sabe hacer una madre?: protegernos.
¡Protégenos de todo mal!, le pedimos. Y te escucha.
Al actual Papa Benedicto XVI no le importa confesar que en su juventud no tenía como guía espiritual a María, pero que con los años —se ha hecho sabio— ha ido penetrando en la devoción mariana. María es el camino a Jesús. Para entenderlo hay que vivirlo y estas experiencias espirituales sólo se pueden ‘ver’ con la mirada del alma: la Virgen no nos falla. La Virgen da consuelo, protección, te ayuda a ser feliz, ¡te da alegría! ¿Te has fijado que alegría rima con María? No creas que es casualidad. Inténtalo y verás...
Si me sigues, la próxima semana intentaré convencerte de que si le hablas, Ella te escucha...
MARÍA GRACIA



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