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martes, 17 de junio de 2008

Cartas de María Gracia (5)


El mal tiene un ‘antivirus’: la virtud

Explicaba en el número anterior que las mejores enseñanzas se extraen de las espinas. Un haker desconocido me había enviado un regalo envenenado: ‘un troyano’. Según los expertos, uno de los virus más destructivos que existen en el ciberespacio. El pirata informático quería destruir un ordenador que simplemente hablaba de Dios... Sin quererlo ha hecho un bien: se ha convertido en la mejor metáfora del mal. Afortunadamente, el ‘troyano’ [Héctor] se encontró a un Aquiles en forma, y no pudo con él. Esta era la pregunta que hacía: ¿protegemos el alma, nuestra substancia personal, como lo hacemos con el ordenador? El antivirus se llama ‘virtud’ y no se puede comprar en ningún comercio.

Pero no se asusten: No pienso escribir sobre las virtudes teologales (aún), sino de las virtudes humanas, porque en este marco nos entendemos todos: creyentes y agnósticos.

Cuando se habla de cosas espirituales y como tales etéreas, no hay nada mejor que usar la figura de la metáfora. Da cuerpo a las ideas. Las encarna y las hace comprensibles, tangibles. Es la fórmula más antigua, desde que el mundo se escribe.

La virtud no es como la fe un don, sino un aprendizaje. Es algo que se aprende y que con la repetición se domina. Es como tocar el piano. Nadie nace enseñado. Al principio, cuando tecleas, no tocas el piano sino que lo aporreas.

Aprender solfeo parece aburrido. Luego, a base de práctica, va entrando. Contra más te ejercitas, mejor lo haces. Menos desafinas. Más te diviertes. El virtuoso llega a serlo porque ha hecho ese esfuerzo de aprendizaje y al final toca el piano como los ángeles. Disfruta y ¡es feliz!. Si se atreve a dar un paso más y, además de interpretar, es capaz de crear arte, supera el escalón, y se convierte en un virtuoso. En términos sacros diríamos que en un santo, ¡y sin tener que llevar hábito!

Pues bien, ese aprendizaje pasa por la práctica de las cuatro virtudes [cardinales] que no son patrimonio de los cristianos, sino de la cultura occidental, porque proceden de los filósofos griegos: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Las siete notas musicales se convierten en cuatro. ¡Es más fácil que tocar un piano! Prudencia es saber elegir lo recto. Existe una ley moral que está por encima de las creencias particulares. Justicia es dar a cada uno lo que merece. Fortaleza es ser perseverante, y Templanza tener la suficiente fuerza de voluntad como para vencer la atracción de los instintos. Ser más fuerte que ellos. Por ejemplo, ser capaz de dejar de fumar sin necesidad de que te lo imponga una ley. La virtud hace libres a las personas. ¡Las libera!

Si eres capaz de incorporar estas enseñanzas a tu vida personal, no temas: el ‘troyano’ rebotará sobre tu pared como la pelota en un frontón.

PD. Gracias especiales al misterioso ‘haker’.



MARÍA GRACIA

2 comentarios:

sansama dijo...

Sin ir más lejos, llevamos todo el invierno batallando con mi hijo de 15 esta frase "si con un 5 apruebo porque me tengo que esforzar más?" Hojala fueramos conscientes de que en la familia se puede conseguir que las personas desarrollen las virtudes motivadas por el amor, porque es una pequeña comunidad de amor reciproco. La sociedad necesita de estas virtudes en desarrollo. Mucha juventud esta esclavizada por estos hakers y troyanos,porque le ha faltado la educacion de las virtudes.
Entonces tienes mucha razón, con estas virtudes adquiridas (aprendizaje) desde pequeñitos,habrá mas jovenes con mas rendimiento, más satisfacción personal y desarrollo personal. Muchas gracias María.

JB dijo...

Carmen, dicen que: "el hombre es el único arquitecto de su futuro" -ya que Dios nos dio, la libertad de actuar, y la rsponsabilidad de nuestros actos: éxitos y fracasos.

Los padres ponéis, los medios materiales y el soporte moral, en dicha construcción.

Pregúntale si quiere "edificar" un futuro de 5 (para ir tirando), de notable, o de sobresaliente (como su padre).

Él puede poner su esfuerzo, trabajo y sacrificio en sus estudios... pero si además los ofrece a Dios, el resultado es de sobresaliente fijo!

Un abrazo.