
El mal también se cuela por Internet
Mi artículo de la semana pasada no ha sido un mensaje metido en una botella y lanzado al mar... He recibido bastantes “cartas” de ánimo, pidiendo que no lo deje, continúe. Gracias. Lo haré mientras tenga la sensación de que no hablo para mí, sino que lo que digo interesa, y se me permita hacerlo, porque una de las advertencias que he tenido es que el espacio en este blog es un bien preciado por cuanto escaso. Así que, sin más preámbulos, continuaré con estas reflexiones de una católica de a pie, que tiene el privilegio de poder decir en voz alta lo que muchos mejor que yo hacen en voz baja.
Estas cartas tienen un guión previo trazado. Decía en el número anterior que no creo que Jesús esté loco. ¿Lo recuerdan? Pues bien, en éste pensaba argumentar porqué creo que el Jesús interpretado por la Iglesia Católica es el auténtico Hijo de Dios, porque lo escrito hasta ahora vale para cualquier corriente cristiana. Y yo soy católica. Pero ese artículo lo dejo para otro día porque esta semana he tenido una desagradable sorpresa que quiero compartir, porque las enseñanzas se extraen de las espinas.
De entre los correos recibidos en mi ordenador, recibí uno titulado "ENMANUEL". Sugestivo nombre, ¿verdad? Pues llevaba un regalo envenenado. No era una carta de apoyo o crítica, prefiero el primero, pero acepto el segundo porque me permite rebatirlo, sino que era un "troyano". Si del argot de los cibernautas lo traducimos al lenguaje coloquial, diríamos que era un virus altamente destructivo. De esos que se inoculan en el disco duro y van ‘comiéndose’ la memoria del ordenador hasta dejarlo hecho una ‘vaca loca’.
¿A qué mente tan perversa se le puede ocurrir hacer una cosa así? Quien sea el ‘pirata’ no lo hace por motivos personales, sino porque le molesta que se hable de Dios... Pues le doy las gracias a esta anónima persona, porque lo que ha hecho me sirve como perfecta metáfora del mal.
El espíritu del mal busca precisamente eso: la destrucción. Penetrar en lo más profundo del ser humano, para hacerle daño porque sí. Por placer y por rabia, ¡las dos cosas a la vez!. En el fondo es un pobre infeliz, un alma que no descansa. Le calma hacer el mal, pero sólo momentáneamente. La más de las veces se disfraza de forma la mar de sugestiva, para que el internauta le haga el clic ¡y ya está dentro!
¿Verdad que para evitar sus estragos colocamos antivirus en el ordenador? Es nuestra única arma de defensa contra las acometidas de estos hackers perversos. ¿Pero con qué defensas blindamos nuestra alma? ¿Acaso no es más importante que un ordenador? ¿Cómo podremos repeler los ataques de ese ser invisible si no estamos protegidos?
Pues el antivirus tiene un nombre, se llama "virtud".
La próxima semana hablaré de ella, para luego volver al guión preestablecido: porque soy católica y no otra cosa.
María Gracia :)
Mi artículo de la semana pasada no ha sido un mensaje metido en una botella y lanzado al mar... He recibido bastantes “cartas” de ánimo, pidiendo que no lo deje, continúe. Gracias. Lo haré mientras tenga la sensación de que no hablo para mí, sino que lo que digo interesa, y se me permita hacerlo, porque una de las advertencias que he tenido es que el espacio en este blog es un bien preciado por cuanto escaso. Así que, sin más preámbulos, continuaré con estas reflexiones de una católica de a pie, que tiene el privilegio de poder decir en voz alta lo que muchos mejor que yo hacen en voz baja.
Estas cartas tienen un guión previo trazado. Decía en el número anterior que no creo que Jesús esté loco. ¿Lo recuerdan? Pues bien, en éste pensaba argumentar porqué creo que el Jesús interpretado por la Iglesia Católica es el auténtico Hijo de Dios, porque lo escrito hasta ahora vale para cualquier corriente cristiana. Y yo soy católica. Pero ese artículo lo dejo para otro día porque esta semana he tenido una desagradable sorpresa que quiero compartir, porque las enseñanzas se extraen de las espinas.
De entre los correos recibidos en mi ordenador, recibí uno titulado "ENMANUEL". Sugestivo nombre, ¿verdad? Pues llevaba un regalo envenenado. No era una carta de apoyo o crítica, prefiero el primero, pero acepto el segundo porque me permite rebatirlo, sino que era un "troyano". Si del argot de los cibernautas lo traducimos al lenguaje coloquial, diríamos que era un virus altamente destructivo. De esos que se inoculan en el disco duro y van ‘comiéndose’ la memoria del ordenador hasta dejarlo hecho una ‘vaca loca’.
¿A qué mente tan perversa se le puede ocurrir hacer una cosa así? Quien sea el ‘pirata’ no lo hace por motivos personales, sino porque le molesta que se hable de Dios... Pues le doy las gracias a esta anónima persona, porque lo que ha hecho me sirve como perfecta metáfora del mal.
El espíritu del mal busca precisamente eso: la destrucción. Penetrar en lo más profundo del ser humano, para hacerle daño porque sí. Por placer y por rabia, ¡las dos cosas a la vez!. En el fondo es un pobre infeliz, un alma que no descansa. Le calma hacer el mal, pero sólo momentáneamente. La más de las veces se disfraza de forma la mar de sugestiva, para que el internauta le haga el clic ¡y ya está dentro!
¿Verdad que para evitar sus estragos colocamos antivirus en el ordenador? Es nuestra única arma de defensa contra las acometidas de estos hackers perversos. ¿Pero con qué defensas blindamos nuestra alma? ¿Acaso no es más importante que un ordenador? ¿Cómo podremos repeler los ataques de ese ser invisible si no estamos protegidos?
Pues el antivirus tiene un nombre, se llama "virtud".
La próxima semana hablaré de ella, para luego volver al guión preestablecido: porque soy católica y no otra cosa.
María Gracia :)



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