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lunes, 23 de junio de 2008

49º CEI - Québec: Testimonios (III)


Padre Nicolas Buttet, fundador de la Fraternidad "Eucharistein":

“¡Es la hora de la Eucaristía! Es el Kairós, pues es la hora de Cristo y en la Eucaristía tenemos a Jesús y todo el misterio de salvación. Juan Pablo II dijo que no hay ningún riesgo de exageración en el culto dado a este misterio pues es a Jesús mismo a quien se dirige. Pienso que podemos emprender la "revolución profunda", la de los corazones y de la sociedad”.

“La Eucaristía es una escuela de libertad y una escuela de caridad. Pero es sobre todo la fuente de la vida sobrenatural del bautizado, sin la que no queda nada más que lo humano, e incluso "demasiado humano" ¡habría dicho Nietzsche!”

“La beata de Quebec, Dina Bélanger, beatificada en 1993 por Juan Pablo II, escribió un día en su diario: "Si las almas comprendieran el tesoro que poseen en la divina Eucaristía, habría que proteger los tabernáculos con muros inexpugnables; pues, en el delirio de un hambre santa y devoradora, irían ellas mismas a alimentarse del Pan de los Ángeles. Las iglesias desbordarían de adoradores consumidos de amor por el divino prisionero, tanto de día como de noche". ¡No hemos llegado a esto! Es verdad que el misterio es tan grande, la brecha tan enorme entre lo que nuestros sentidos perciben -el pan- y lo que nuestra fe cree -Jesús- que no es fácil entrar en el misterio. Pienso que hay tres cosas a desarrollar: una catequesis eucarística que pasa por las palabras y los ejemplos. "Entremos en la escuela de los santos, grandes intérpretes de la piedad eucarística auténtica", dijo Juan Pablo II al final de su encíclica sobre la Eucaristía”.

“Hay que redescubrir la adoración eucarística y la devoción eucarística fuera de la misa. Este misterio es tan grande que sólo la liturgia no nos permitirá jamás profundizar lo suficiente. Sólo una exposición prolongada al misterio de la Presencia real de Jesús en el Santo Sacramento permite entrar progresivamente en el estupor eucarístico. Pienso en este testimonio de Maxime, de 21 años: "Para mí la Eucaristía es el centro de mi vida. Jesús-Eucaristía me ha sacado del infierno de la droga. Gracias a la Eucaristía, mi vida ha sido transformada y estoy ahora feliz de vivir para servir a Cristo. La Eucaristía es mi fuerza para amar, para seguir y servir a Cristo a través de alegrías y penas. Dios nos ama infinitamente y no nos abandonará jamás".

“El inspirador de nuestra vida eucarística es san Pedro Julián Eymard, un gran profeta de la eucaristía del siglo XIX. Decía: "He reflexionado a menudo sobre los remedios a esta indiferencia universal que se apodera de una manera temible de tantos católicos y sólo encuentro uno: la Eucaristía, el amor de Jesús eucarístico. La pérdida de fe viene de la pérdida del amor". En otra ocasión, decía: "Ahora, hay que ponerse a la obra, salvar a las almas por la divina Eucaristía y despertar a Francia y a Europa adormecidas en un sueño de indiferencia porque no conocen ya el don de Dios, Jesús, el Enmanuel eucarístico. Esta es la antorcha de amor que hay que llevar a las almas tibias, y que se creen piadosas y no lo son ya porque no han situado su centro y su vida en Jesús eucarístico".

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