
Corazón tan nuevo y tan antiguo
Si lo juzgas superficial es que no te has acercado a Él. Si lo tachas de devoción moderna, de invento de curas y teólogos, es que no conoces tu propia historia.
Porque el culto al Sagrado Corazón de Jesús es mucho más que la recitación de ciertas jaculatorias, letanías y oraciones consagratorias que repites para comprarte un seguro de vida eterna. No es una devoción externa sino una verdadera espiritualidad, una forma de relación íntima y personal con Jesús capaz de cambiar tu corazón enfermo, de transplantar en tí el mismo Corazón de Cristo; capaz de hacerte santo y, por tu medio, de santificar el mundo.
Es cierto que se popularizó a partir del siglo XVII, gracias a las revelaciones privadas del Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) y que todavía hubo que esperar hasta 1856 para que el Papa Pío IX extendiese su solemnidad a toda la Iglesia, y hasta 1899, hace cuatro días, para que León XIII consagrara al Sagrado Corazón toda la humanidad. Pero es un culto antiguo, con profundas raíces en la Tradición de la Iglesia y en la Escritura, cual árbol milenario que ha tenido un crecimiento lento y que ahora, en este siglo tan necesitado de misericordia, comienza a dar sus frutos. Así lo han entendido los papas: San Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, el Beato Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, que no han cesado de exhortarnos para que descubramos los tesoros inagotables de amor y misericordia que Dios Padre se ha dignado concedernos en el Corazón de su Hijo.
Tesoros que son, por tanto, tan nuevos y tan antiguos. Nuevos porque no dejan de ser actuales y necesarios. Antiguos pues son legiones de santos los que se han nutrido de sus riquezas; santos tan sólidos y recios como: San Josemaría Escrivá, Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), San Juan Bosco, San Francisco de Sales, Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Siena, San Francisco de Asís, San Buenaventura, San Bernardo, San Alberto Magno, San Agustín de Hipona, San Juan Crisóstomo, San Pablo Apóstol, San Juan Evangelista...
¿Aún tienes dudas? Mete tu mano en la Escritura y encontrarás este Corazón de Jesús latiendo; Corazón que ama a Dios con todos sus pálpitos (Dt 6,5); Corazón probado en el desierto (Dt 8,2; Mt 4, 1-11); Corazón que canta en los Salmos, que grita de alegria hacia el Dios vivo (Sal 84,3), que se consume de Amor (Sal 73,26); Corazón de carne que anunciaron los profetas (Ez 36,26); Corazón limpio de las Bienaventuranzas (Mt 5,8), manso y humilde (Mt 11,29); Seno del cual corren rios de aguas bravas (Jn 7,38); Pecho sobre el que reclinarse (Jn 13,31); Corazón traspasado por nuestras culpas del que brota agua y sangre (Jn 19,34); Costado abierto a los agravios de nuestra incredulidad (Jn 20, 27); Corazón atravesado por toda mirada humana (Jn 19,37).
¿Todavía no confías en Él? ¿Aún tienes miedo de abrirle tus puertas? ¿Piensas que te quitará algo? ¿Qué no te dará Todo a cambio de nada?.
Comentario: Esta celebración, al igual que otras, "baila" en su fecha. Juan Pablo II la situó, en el viernes posterior al II Domingo de Pentecostés.
1 comentario:
Fernando, eres la kaña! Con una hora menos, y no nos das ni tiempo de acabar de vestir el post! :)
Mil gracias por tu aportación, la cuelgo ya mismito.
saludos en +
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