
Acto de Consagración
1. "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios".
Pronunciando las palabras de esta antífona, con la que
Nos encontramos unidos con todos los Pastores de
En el vínculo de tal unidad pronunciamos las palabras del presente Acto, en el que deseamos incluir, una vez más, las esperanzas y las angustias de
Hace cuarenta años, y luego diez años después, Tu siervo, el Papa Pio XII, teniendo ante tus ojos las dolorosas experiencias de la familia humana, ha confiado y consagrado a Tu Corazón Inmaculado todo el mundo y especialmente los pueblos que, por su situación, son objeto particular de Tu amor y de Tu solicitud.
Este mundo de los hombres y de las naciones lo tenemos ante los ojos también hoy; el mundo del segundo milenio que está por terminar, el mundo contemporáneo, nuestro mundo!
Y por eso, oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, que sacuden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, dirigimos directamente a Tu Corazón: abraza, con amor de Madre y de Sierva del Señor, este nuestro mundo humano, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietudes por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos. De un modo especial te confiamos y consagramos aquellos hombres y aquellas naciones, que de esta entrega y de esta consagración tienen particular necesidad.
"Bajo Tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios! ¡No desprecies nuestras súplicas, que estamos en la prueba!".
2. He aquí, encontrándonos ante Ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda
La fuerza de esta consagración dura para todos los tiempos y abraza a todos los hombres, los pueblos y las naciones, y supera todo mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de provocar en el corazón del hombre y en su historia y que, de hecho, ha provocado en nuestros tiempos.
Oh ¡Cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo : para nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! La obra redentora de Cristo, en efecto, debe ser participada por el mundo por medio de
¡Seas bendita, sobre toda criatura Tú, Sierva del Señor, que del modo más pleno obedeciste a la divina llamada!.
¡Seas saludada Tú que estás enteramente unida a
¡Madre de
3. Confiando a Ti, oh Madre, el mundo, todos los hombres y todos los pueblos, Te confiamos, también la misma consagración del mundo, poniéndola en Tu Corazón Materno.
¡Oh Corazón Inmaculado! ¡Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en el corazón de los hombres de hoy y que en sus efectos inconmensurables ya grava sobre la vida presente y parece cerrar los caminos hacia el futuro!.
Del hambre y de la guerra ¡líbranos!.
De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable, de toda guerra, ¡líbranos!
De los pecados contra la vida del hombre desde sus albores, ¡líbranos!.
Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios ¡líbranos!.
De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional ¡líbranos!.
De la facilidad de despreciar a los mandamientos de Dios, ¡líbranos!.
De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, ¡líbranos!
De la pérdida de la conciencia del bien y del mal, ¡líbranos!.
De los pecados contra el Espíritu Santo, ¡líbranos! ¡líbranos!.
¡Acoge, oh Madre de Cristo, este grito cargado con los sufrimientos de todos los hombres! ¡Cargado con el grito de sociedades enteras!.
Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado: el pecado del hombre y el pecado del mundo, el pecado en todas sus manifestaciones.
¡Que se revele, aún por esta vez, en la historia del mundo el infinito poder salvífico de 



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