Queridos amigos,
La fiesta de
La misericordia es el más conmovedor de los atributos divinos. Tenemos que aprender a mirar a Dios desde este punto de vista, si queremos conocerlo. Esto será posible si fijamos nuestra mirada en el Corazón misericordioso de Jesús.
Desde ese Corazón surte el agua que lava los pecados y la sangre que comunica la vida. Desde ese Corazón el amor de Dios es derramado sobre el mundo, purificándolo y santificándolo. El amor de Dios es mayor que cualquier pecado. Aunque caigamos por tierra, siempre podemos levantarnos diciendo con el corazón : "Jesús, confío en ti."
Si tenemos en nuestras casas la imagen de Jesús misericordioso, recurramos a Él en toda necesidad, recitando
Y a María, Madre de misericordia, que nos tienden la mano para conducirnos al Corazón misericordioso de Jesús.
Jesús, en vos confío. María, confianza mía.
Vuestro. Padre Livio.
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